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Aplausos y pitos

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20.06.2026

Madrid. 08.06.2026. El Papa León XIV en el Congreso de los Diputados / José Luis Roca / PIM

Quiero comenzar diciendo que no estoy de acuerdo con el hecho de que el jefe de una Iglesia se dirija a los representantes de un país laico. El jefe de una iglesia debe dirigirse a sus fieles. Siempre me ha repugnado que los obispos hablen en los medios de comunicación pública dando doctrina sobre lo divino y lo humano a toda la sociedad. Porque la sociedad no es una iglesia que se guíe por dogmas o por una determinada moral sino por la ética universal. Los ciudadanos de un país tienen que guiarse por la Constitución, no por los Evangelios y las Encíclicas papales. Cuando la doctrina de la Iglesia se opone a la eutanasia porque Dios da la vida y él es el dueño de ella, ¿qué fuerza tiene el argumento para un ciudadano ateo? Cuando la Iglesia sostiene que las relaciones homosexuales son pecado, ¿qué valor tiene esa tesis para quien no acepta ni entiende esa categoría moral ni cree en la existencia del infierno?

¿Qué tipo de alocución pronunció el pontífice en el Parlamento español? ¿Fue un discurso? ¿Fue una homilía? ¿Fue un mitin? Otra cosa es que León XIV hubiese visitado nuestro país como Jefe del Estado Vaticano. En ese caso se le hubiesen rendido honores de Jefe de Estado, hubiese mantenido reuniones con el gobierno y la oposición, pero, probablemente, no hubiésemos recibido una catequesis tras otra.

Los siete minutos y dos segundos que duró el aplauso de los diputados al Papa León XIV pudieron prolongarse no se sabe cuánto si el Papa no se hubiera ausentado, dando la espalda a los diputados y diputadas que permanecían de pie en sus escaños aplaudiendo con mayor o menor entusiasmo. No he visto a nadie ausentarse en pleno aplauso. ¿Qué hubiera sucedido si el Papa hubiese permanecido de pie al lado de la presidenta del Congreso, que hablaba con el Papa mientras la cámara nos mostraba sus manos aplaudiendo? La presidenta no sabía qué hacer para aliviar la evidente tensión que todo el mundo sentía de un lado y otro de las cámaras. El Papa tampoco sabía muy bien qué hacer para que el aplauso finalizase.

¿Qué aplaudían? ¿Por qué ese aplauso interminable? Es probable que cada partido........

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