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Vespra

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14.08.2026

Una auxiliar de protocolo, durante las representaciones de este año. / INFORMACIÓN

En esta tarde de agosto ardiente el sol cae directo como manta de plomo sobre las cabezas, quebrado el ambiente por el canto de las cigarras, ese zumbido monocorde, intenso, taladrante, que electrifica: sinfonía singular de toda agobiante canícula.

A ello se suma el caldeado enlosado y las intervenciones extemporáneas en los espacios comunes que afectan al entorno del templo, defectos estructurales que generan inseguridad y peligrosa inestabilidad en accesos deficientes. Los muros del templo exudan un horrendo calor pues lleva días, meses, acumulando un fuego que ha optado por quedarse a vivir. En el interior el aire quema y es complicado respirar.

Este 14 de agosto, el horno en el que se ha convertido la basílica se carga, colmado de un público que aguarda empapado, recorriendo sus cuerpos que se remueven al sentir los hilos de sudor resbalando por espalda y cuello, brillantes los rostros anhelantes; ese sudor que no refresca sino que asfixia: promesa cumplida del estío y que forma parte de una estampa habitual.

Los incondicionales de La Festa se ubican pegados a las tribunas y muros del templo, lo que multiplica la sensación térmica, buscando un mínimo resquicio de visibilidad. O desde los bancos, observando con ojos cansados pero felices, conformes con la tibieza de un aire que no trae alivio real pese al aleteo de abanicos y el uso de ventiladores de mano; en vano. Con esa actitud «comme il faut», llevan horas de espera.

A punto está de comenzar La Vespra. Sugiere el silencio los acordes del órgano. El murmullo festivo........

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