Mira que nos ha costado, pero por fin hemos llegado a los insultos
Uno de los dos plenos celebrados la pasada semana en Elche. / Áxel Álvarez
Recientemente, el alcalde de Elche se lamentaba públicamente de que los plenos municipales tenían menos interés para la ciudadanía que los prospectos de los medicamentos y quizás por ello, o por vaya usted a saber por qué oscuro motivo, se ha producido una especie de conjura para hacerlos más divertidos, más entretenidos y con más acción, vamos al estilo de las películas de Jackie Chan. La semana pasada se celebraron dos plenos, ¡no querías caldo, pues toma dos tazas!, uno ordinario y otro extraordinario, y en ambos se montó la mundial.
En el primero, un concejal socio de gobierno del alcalde, para argumentar su propuesta política, utilizó la expresión «idiota» dirigida a la portavoz de Compromís para calificarla con este adjetivo en el caso de que no compartiera su forma de ver las cosas, ¡olé tú¡, un discurso a la altura del mismísimo Winston Churchill. Y en el otro, el extraordinario, fue el público el que elevó el tono y la testosterona, y, entre empujones, descalificaciones y consignas, convirtió el Salón de Plenos en la grada de un campo de fútbol, teniendo que intervenir los municipales para intentar que la cosa no fuera más allá. Todo un espectáculo pedagógico de primer orden.
Dicen las crónicas que hubo un tiempo en que los políticos discutían ideas, lo cual es hoy en día una actitud muy loca y más antigua que los Tigretones. Uno imagina aquellas sesiones plenarias en blanco y negro, llenas de señores con bigote y dicción de notario, intercambiando argumentos mientras fumaban como chimeneas industriales y utilizaban expresiones del tipo «discrepo profundamente de su planteamiento ideológico». Hoy hemos evolucionado, ahora el debate político consiste, básicamente, en descubrir quién consigue insultar primero sin quedarse afónico, donde no importa el........
