La primavera es lo que tiene
Flores que han ido proliferando en las últimas semanas, con la llegada de la primavera. | ÁXEL ÁLVAREZ
Yo no se ustedes, pero yo llevo unos días en los que estoy más cansado que el mecánico de los Transformers, en vez de levantarme de la cama, me dejo caer de ella, porque no puedo ni con mi alma, y qué decirles de cuando oigo sonar el despertador, es como oír un sonido de ultratumba, del más allá, de esos de los que hablan en Cuarto Milenio y que dan más miedo que recibir una notificación de Hacienda. Sin ir más lejos, el otro día, cuando tras pasar toda la noche dando más vueltas en la cama que la silla de un peluquero escuché la alarma del despertador, se me saltaron las lágrimas, mientras afanosamente buscaba mis gafas en el cajón de los calcetines y arrastrándome como pude me preparé un café descafeinado, ¡qué por nadie pase!, y me encendí un cigarrillo por la boquilla, todo un despropósito. Y es que no sé qué me pasa, pero es que no puedo con mi vida y todo empezó cuando cambiaron la hora y llegó la primavera. He pensado en hacerme un análisis de sangre por si me falta hierro, calcio o tengo algún tipo de deficiencia que justifique el desaliento que padezco, pero me han dado hora para el día de l’Albà, allá por el 13 de agosto a las ocho de la mañana, que yo he pensado: «¿Para qué voy a hacérmelo? Si llego a esa fecha, o se me ha pasado o me he muerto». Así que me he puesto a buscar por internet por si encuentro respuesta a lo que me pasa, y vaya si lo he encontrado, no tengo nada grave, simplemente padezco de astenia primaveral. ¡La Virgen del Amor Hermoso! Qué susto he pasado, ya había hecho incluso el testamento y todo por un dichoso síndrome primaveral, parecido a las alergias, pero con más mala leche.
Dicen los entendidos de esto, psiquiatras, contertulios, chamanes y Terelu Campos, que la astenia primaveral no es una enfermedad, sino un trastorno adaptativo fisiológico leve y temporal caracterizado por cansancio físico y mental, apatía y falta de energía al inicio de la primavera. Según barruntan, se debe principalmente a cambios en los ritmos biológicos por el aumento de horas de luz, temperaturas y el cambio horario y cuya duración, usualmente es de pocas semanas, más o menos en dos o tres semanas se pasa (y yo pensando que me estaba muriendo).
Los síntomas más comunes son cansancio y fatiga constante, los cuales no mejoran con el sueño (lo que yo te diga, yo no me levanto de la cama, me caigo de ella); irritabilidad, apatía y cambios de humor (a mí me da igual ver La Revuelta que El Hormiguero, lo cual tiene un tocado, y me cabreo por no haber visto El Intermedio); dificultad de concentración y fallos de memoria (quién soy, de dónde vengo, adónde voy, cuánto son dos más dos y por qué la gente se injerta pelo, un sin vivir); somnolencia diurna y problemas para dormir de noche; y pérdida de apetito y disminución de la lívido (como diría mi amigo Vidal: «¡Para esto es mejor morirse!»).
El otro día Arguiñano, mientras hacía unas patatas revolconas, daba una serie de consejos prácticos para combatir la astenia, que se ve que él también lo padece, y decía que era muy útil, entre otras casas aumentar el consumo de frutas, pescado azul y legumbres, beber de 1,5 a 2 litros de agua diarios, mantener un horario de sueño regular, intentando dormir unas 8 horas; realizar actividad física moderada y constante (caminar, yoga, nadar) y adaptar progresivamente los horarios a la nueva luz solar.
He de reconocer que con la información obtenida y con el paso de los días me encuentro un poco mejor, aunque padezco algún que otro síntoma y además he podido comprobar que no lo sufro yo solo y ni mucho menos en silencio como las almorranas, qué va, se trata de un síndrome muy extendido entre la población. Sin ir más lejos, el otro día en el trabajo pude comprobar que la peña estaba muy afectada: un compañero estuvo una hora y media mirando concentrado fijamente la pantalla del ordenador y lo tenía apagado, otro subió cuatro veces en un cuarto de hora para decirme si quería un subrayador, a otro lo vi por el pasillo hablándole a un cuadro sobre los pros y las contras de la modificación de un reglamento y, por último, a los más sufridos, los vi que no paraban de tirarse del lóbulo de la oreja tras leer un correo que decía: «Entonces, ¿qué hacemos?».
Y es que la fatiga, la apatía y la somnolencia quieras o no te pasan factura y te puede dar por hacer cualquier cosa loca, como que te aficiones a la papiroflexia, a ver convulsivamente alguna serie turca o te propongas entender las razones de Trump para entrar en guerra con Irán y además nadie esta exento de padecer esta patología. Sin ir más lejos, al alcalde le ha dado por un lado por imitar al jardinero que salía en Bricomania y se ha puesto a plantar árboles por todas las calles como si esto fuera la selva, que se vayan preparando los alérgicos que van a flipar, y por otro lado, le ha dado por meterse a pisar charcos siguiendo los planteamientos ideológicos de Vox sobre temas socialmente superados que incluso su propio partido no comparte, son cosas de la astenia primaveral. Así que cuidado, estén atentos y si ven que en estos días les interesan cosas locas sin sentido como seguir los plenos municipales, bueno, esto es muy difícil que le ocurra, no se preocupe, o como desear ir a todas las imposiciones de bandas de las comisiones de fiestas, pongan pie en pared y no se dejen llevar, manténganse firmes, que esto se pasa, son simplemente secuelas de la astenia primaveral, la cual no es una tragedia clínica ni una transformación profunda del yo, es más bien una especie de «reinicio emocional incompleto», donde el cuerpo cree que está actualizando el sistema y el sistema responde con: «Error 503: motivación no disponible».
La buena noticia es que, como todo fenómeno estacional, desaparece, la mala es que mientras tanto uno tiene que convivir consigo mismo… Lo cual, en estas condiciones, ya es bastante logro. Por eso, mientras se encuentren bajo esta patología, hagan como yo, mucho ánimo y serenidad y, si no tienen más remedio que soportar estoicamente las explicaciones que un amigo, un vecino o un compañero de trabajo les da sobre como él ve las fluctuaciones del mercado internacional, las tácticas de Eder Sarabia y el fútbol moderno o de la situación política municipal y luego les pregunta: «¿Qué? ¿Cómo te has quedado?», hagan como yo, respóndanle: «M’has deixat per a ficar-me al llit».
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