menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Es mío

11 0
22.06.2026

El alcalde, Pablo Ruz, durante su visita a las obras del centro sociocultural Jayton en Carrús, en una imagen de hace solo unos días. | ÁXEL ÁLVAREZ

Probablemente pocas expresiones reflejan mejor uno de los defectos más antiguos del ser humano que estas dos palabras: «Es mío».

Una frase breve, aparentemente inocente, pero que encierra una de las mayores fuentes de conflicto que ha conocido la humanidad. Desde el momento en que un hombre señaló algo y afirmó que le pertenecía, comenzaron también las disputas, las rivalidades y las luchas por el poder. La historia está llena de ejemplos. Conquistas de territorios, acumulación de riquezas, guerras por el control de recursos, enfrentamientos entre naciones y ambiciones personales que han terminado afectando a pueblos enteros.

El egoísmo ha acompañado al ser humano desde el principio de los tiempos. La necesidad de poseer más que los demás, de destacar por encima del otro o de apropiarse de aquello que debería ser compartido ha generado innumerables problemas a lo largo de los siglos.

Y si la política está hecha por personas, resulta evidente que tampoco puede escapar a esta realidad.

La política debería ser la herramienta destinada a mejorar la vida de los ciudadanos. Un espacio donde distintas sensibilidades aportan ideas para resolver problemas comunes. Sin embargo, con demasiada frecuencia se convierte en una competición por el protagonismo, una lucha constante por el mérito y el reconocimiento.

Ya no importa tanto que una obra se haga, sino quién puede colgarse la medalla

Ya no importa tanto que una obra se haga, sino quién puede colgarse la medalla

Lo importante deja de ser el resultado para centrarse en la autoría.

Ya no importa tanto que una obra se haga, sino quién puede colgarse la medalla. Ya no importa tanto que una iniciativa beneficie a los ciudadanos, sino quién aparece primero en la fotografía. El interés general queda relegado por el interés partidista.

Y entonces reaparece el viejo «es mío», es mío el proyecto, es mía la idea, es mío el logro, es mío el éxito.

Lo vemos continuamente en la política nacional, autonómica y municipal. Cada partido........

© Información