Misantropía
La calle Alcalá, a la altura del Banco de España, atestada de gente. / José Luis Roca
Yo antes era misántropo, tenía con la humanidad un pleito irresoluble que me impulsaba a odiarla como conjunto, aunque, evidentemente, este sentimiento no se extendía a la totalidad del género humano. Hay quienes me caen bien. Muy pocos incluso me caen muy bien.
Ahora ya no les odio, simplemente no les entiendo, como si perteneciéramos a diferentes especies. Viendo lo que se ve por la calle supongo que el raro seré yo y que soy una especie en extinción, como un neandertal frente a un Homo sapiens o el tigre dientes de sable en comparación con la garrapata.
Madrid. 6.30 de la mañana (tengo que coger un AVE). Metro abarrotado. No es que no se tenga una cierta intimidad, es que no caben tus extremidades en el vagón. Así y todo, el 99 por ciento de los pasajeros (yo soy el restante 1), se empeñan en ver películas, historias de sus influencers favoritos, escribir mensajes o hablar con su tía Eduvigis por el móvil. No se cabe, es imposible sujetar el aparato sin quedar lisiado para siempre, la marea humana debe impedir el enfoque, pero perseveran. Alucino. ¡Que ganas de ver lo que sea para soportar tanta........
