La ausencia del sentido de Estado
Ilustración de Elisa Martínez
Decía Marx (Groucho, el bueno), que «el secreto del éxito está en la honestidad; si puedes evitarla, está conseguido». Pedir honestidad en la política es como solicitar continencia en una orgía o en un festín de caníbales, pero estamos llegando a unos extremos (empujados por los propios extremos) en los que hasta los teóricamente más centrados parecen sociópatas.
Comparado con cualquier estadista del siglo XX, y mira que algunos eran tipos peligrosos, el político tipo español actual es corrosivo. Nadie intenta construir, sino destruir. Empezaron evitando la honestidad, como alentaba Marx, y han perdido cualquier escrúpulo.
Como sin duda sabrán, y si no se lo cuento yo, los scrupulus (diminutivo de scrupus) eran las piedrecillas puntiagudas que se colaban, durante las largas marchas, en las sandalias de los legionarios romanos. Un problemón, porque el pobre diablo, con toda su impedimenta a cuestas, no sabía qué hacer: si seguir andando y clavárselas a cada paso o pararse a quitarlas, entorpeciendo la marcha y arriesgándose al bastón de olivo retorcido que portaban los centuriones para castigar indisciplinas. Tener escrúpulos pasó con el tiempo a definir las dudas de conciencia ante la conducta a........
