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El Evangelio del Píxel

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El Evangelio del Píxel / Pixabay

Antaño, los mortales aspiraban a la Gloria. La Gloria era una deidad terrible y exigente que vivía en la cima de una montaña escarpada, cubierta de hielo y libros de texto. Para alcanzarla, uno debía dedicar su vida entera a una sola cosa: curar una enfermedad, componer una sinfonía o descifrar el universo. El viaje era solitario y el premio, a menudo, póstumo: el nombre de un cráter en Marte, una placa en un edificio que nadie mira o el respeto silencioso de una docena de personas que también habían intentado escalar la montaña. La Gloria pagaba con una única moneda de oro macizo, tan pesada que solo un muerto podía sostenerla.

Pero la humanidad conectada ha descubierto a un dios más amable, más rápido y, sobre todo, más rentable: la Popularidad.

El primer mandamiento: Serás mediocre

La Popularidad no vive en una montaña, sino en un estudio con un aro de luz. No exige genialidad; de hecho, la castiga. El genio intimida, la excelencia hace sentir al espectador inadecuado. O peor aún: el algoritmo la trocea, la reduce a un clip de treinta segundos desprovisto de contexto para que pueda ser digerida sin esfuerzo. Porque un espectador que tiene que esforzarse cierra la aplicación.

El primer y más sagrado mandamiento de la........

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