Sin chiringuitos
Sin chiringuitos en las playas de Elche hasta, mínimo, mediados de julio
Sin chiringuitos para hidratarse en la playa de Arenales del Sol / Héctor Fuentes
«Yo tengo un chiringuito / a orilla de la playa. / Lo tengo muy bonito / y espero que tú vayas».
El chiringuito (1988), canción de Georgie Dann.
Me dispongo a dar una caminata por la vora de la mar bajo la achicharrante solanera, apenas mitigada por una suave pero reconfortante brisa, entre efluvios de bronceadores, sorteando niños enfrascados en sus proyectos arquitectónicos con arena y grupos de adultos de charleta en plena zona deambulatoria. Recorro media playa de Arenales y la del Carabassí, y llego a las rocas, que marcan el punto de regreso, tras los últimos vestigios de lo que a comienzos de la década de 1980 se convirtió en el primer enclave nudista del litoral ilicitano.
Tras tan larga y sofocante caminata sentí la necesidad de hidratarme (por dentro, que por fuera ya me había zambullido varias veces en las refrescantes aguas) y emprendí el regreso en busca de un chiringuito salvador que, como un oasis en el desierto, me ofreciera libaciones para apaciguar mi sed y sombra para sosegar mi espíritu. Pero por mucho que desandara mi caminata, mirando en derredor compulsivamente, no encontraba vestigio alguno de tan imprescindibles instalaciones hosteleras playeras. Ni rastro en todo El Carabassí de los establecimientos existentes otros años, ni zonas de hamacas, ni nada.
Seguí mi exploración costera por Arenales Sur y res de res. Ni un chiringuito a la vista. Empeñado en llegar hasta el fondo del enigmático asunto, atravesé la zona urbana y seguí hacia el norte. Nada más dejar atrás los edificios, encontré una casita blanca junto a las dunas y me dije, hombre, parece que aquí por fin hay uno. Mi gozo en un pozo: estaba cerrado a cal y canto y a medio montar. Seguí, al borde de la deshidratación y de mis fuerzas (estábamos en temperaturas récord) hasta llegar al límite municipal en la playa de El Altet, y el misterio de........
