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Sanidad: una renovación urgente y necesaria

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12.04.2026

El actual descampado en el complejo sanitario de Campanar, donde estaba la antigua Fe / José Manuel López

Si hay dos puntales básicos sobre los cuales la sociedad evalúa el Estado de bienestar en el que vivimos, estos son, sin duda, la educación y la sanidad. Si las familias se valoran por el trato que dispensan a niños y mayores, en el ámbito de lo público la calidad de vida se mide por los recursos que se destinan a la salud y a la formación de la población.

La ampliación prevista de la red hospitalaria en la Comunitat Valenciana, con un incremento del 17,9 % en el número de camas y la construcción de nuevas infraestructuras como el futuro hospital de Campanar, representa una noticia que, en principio, debe celebrarse, y mucho. El aumento constante del censo, con nuevos ciudadanos procedentes de otros lugares, y el envejecimiento de una población que requiere más cuidados demandan una atención sanitaria mejor, más completa y descentralizada por parte del gobierno autonómico. Y eso, obviamente, supone más recursos. Dinero.

De momento, la Generalitat ha anunciado la reforma de trece centros hospitalarios con el objetivo de ampliar hasta 2.000 las camas y acabar con una saturación que se ha cronificado desde hace años. Esta renovación, no obstante, no culminará hasta 2032, cuando finalicen las obras del ansiado nuevo hospital en la ciudad de València. En ese momento, la sanidad pública contará con un total de 12.310 camas hospitalarias o de agudos. 

De hecho, no nos equivoquemos: muchas de estas actuaciones llegan con retrasos significativos, tras años en los que el sistema ha operado al límite, con profesionales sobrecargados y pacientes atrapados en listas de espera inaceptables. Cuando la planificación llega tarde, la inversión, por ambiciosa que sea, corre el riesgo de convertirse en un parche más que en una solución estructural. La sanidad pública necesita estabilidad, previsión y continuidad, no impulsos puntuales condicionados por los ciclos políticos. Esta nueva apuesta es, sin duda, una de las mejores propuestas para sostener una sanidad que compite cada día con la apertura de nuevos centros privados, que avanzan ocupando espacios que la pública no puede cubrir con la misma rapidez, por mucha calidad y medios de los que disponga.

Apuesta estable y comprometida

Esta nueva apuesta del gobierno valenciano por la sanidad pública debe ser una apuesta estable y comprometida, que mejore también las condiciones de sus profesionales. Y es que el verdadero cuello de botella del sistema sigue siendo la falta de personal sanitario. Con cientos de plazas sin cubrir y la amenaza de una mayor presión si se reducen las jornadas laborales sin ampliar plantillas, existe el riesgo real de que las nuevas infraestructuras no puedan funcionar a pleno rendimiento. Invertir en condiciones laborales dignas, en estabilidad profesional y en retención del talento es tan urgente como levantar nuevos edificios.

La renovación y ampliación del sistema sanitario valenciano abre, sin duda, una gran oportunidad. Pero también plantea un reto político de fondo: decidir si se quiere fortalecer de manera decidida un modelo público, universal y equitativo, o si se acepta, por inacción, una progresiva privatización de facto. La respuesta no se medirá únicamente en el número de camas construidas, sino en la capacidad de garantizar que cualquier ciudadano, independientemente de su renta o lugar de residencia, reciba una atención sanitaria digna, ágil y de calidad.

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