Las obras públicas: teoría de la conservación
Durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial (1945-1960), la economía de los Estados Unidos experimentó un periodo de expansión sin precedentes, que convirtió a aquel país en la potencia económica dominante del mundo. Mientras las potencias europeas y Japón quedaron devastados por la dura contienda, los EE. UU. emergieron con sus infraestructuras intactas, un sector industrial muy productivo tras la estimulante experiencia de la guerra y un estado psicológico eufórico y capaz de apostar por la prosperidad sin límites. El PIB real creció un 37% entre 1945 y 1960. Y en 1950, el Producto Nacional Bruto (PNB) alcanzó los 300.000 millones de dólares, frente a los 200.000 millones de 1940.
En aquellos años, los Estados Unidos invirtieron gran parte de las plusvalías en espectaculares infraestructuras. En 1956, el presidente Eisenhower lanzó el Sistema de Autopistas Interestatales, sin duda el proyecto más relevante de la época. Mediante la Ley de Ayuda Federal para Carreteras de 1956, comenzó la construcción de una red nacional de aproximadamente 41.000 millas (unos 66.000 km) de autopistas modernas, lo que requirió una inversión de 25.000 millones de dólares en 12 años.
Quienes conocimos los Estados Unidos en aquella etapa boyante, viajando desde una Europa todavía dolorida por las últimas conflagraciones, pueblerina y hambrienta, nos admirábamos al transitar por aquellas amplias, bien proyectadas y semidesérticas autopistas que transmitían una indubitable sensación de opulencia. Pero poco a poco, las comparaciones fueron evolucionando. En las últimas décadas del siglo XX, los Estados Unidos dejaron de invertir en infraestructuras, no solo en construcción de nuevas vías sino........
