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Fracaso y retorno del multilateralismo

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18.04.2026

El final de la Segunda Guerra Mundial, con un saldo sobrecogedor de víctimas —entre 70 y 85 millones de muertos, de los que al menos 45 millones eran civiles— producidos por el fanatismo ideológico de unos supremacistas abominables que pretendían imponer su hegemonía racial, supuso para el mundo un gran alivio que incluía la definitiva y eterna abominación de aquellas ideas fanáticas y destructivas. Lógicamente, el nazismo y el fascismo pasaron a ser los perpetuos e irredimibles enemigos de toda la humanidad, que pronto se organizó espontáneamente en los términos de una bipolaridad establecida entre dos opciones ideológicas antagónicas, basadas en sendos vectores utópicos: el capitalismo liberal a un lado y el colectivismo autoritario al otro. La división era tan explícita que se alzó entre ambas comunidades el llamado “telón de acero”, e incluso en Berlín, la ciudad del pecado original nazi, se alzó un gran muro que dividió materialmente la urbe en dos reductos incomunicados entre sí. El 24 de octubre de 1945, pocos meses después de la capitulación de Berlín el 9 de mayo, se firmó la Carta de las Naciones Unidas que entronizaba la ONU, la institución multilateral y globalizada que habría de encargarse en lo sucesivo de resolver pacíficamente los conflictos, para no tener que recurrir nunca más a la guerra. Llegaba finalmente la ocasión de utilizar globalmente la democracia política como el método más depurado y eficaz de resolución de conflictos.

Aquel modelo, cargado de optimismo y que incluía una nueva visión intelectual del devenir de los pueblos, concedió al mundo una sólida estabilidad, en parte debida al modelo de relaciones establecido por los vencedores de la gran guerra, en parte a consecuencia de la propia experiencia vital de las personas. Europa, consciente de que las querellas en su interior habían sido el germen de las dos grandes convulsiones, reabrió el viejo debate sobre la integración continental: pugnaron federalistas y funcionalistas, Altiero Spinelli y Jean Monnet. Aquel debate concluyó con los Tratados de París y Roma y el triunfo de las tesis de Monnet, a quien, en palabras de Spinelli, corresponde por eso el mérito de haber puesto en marcha la unificación de Europa y la culpa de haberlo hecho por un camino equivocado. Los términos de la discusión siguen siendo hoy los mismos: federación o comunidad; estado federal o unión de estados. Los federalistas parecían imponerse, pero los euroescépticos se han atrincherado tras una inquietante extrema derecha que parece añorar trágicos y mortales disensos. De cualquier modo, la Unión es un logro irrevocable —la caída de Viktor Orbán lo confirma— y ha sido y es un factor muy eficaz de progreso y estabilidad.

En la práctica, la estabilización global se consiguió mediante la bipolaridad, el equilibrio entre dos bloques políticos compactos, ideológicos y militares (la guerra fría). El 4 de abril de 1949 nacía la OTAN y el 14 de mayo de 1955 el Pacto de Varsovia. Las dos grandes........

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