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Lo de Castilla y León

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19.03.2026

19 de marzo 2026 - 03:11

Telegráficamente, porque no hay espacio para comentarios que tanto me apetecería expresar o reproducir, me limitaré a señalar lo siguiente:

El PP, ganador indudable, ha subido dos escaños, cuatro puntos porcentuales y 60.000 votos. Parece patente que ese crecimiento ha sido a costa de los restos de Ciudadanos, que todavía en 2022 consiguió un escaño y más de 54.000 votos (4,5%).

El PSOE gana también dos escaños (pero había perdido siete en 2022), mas apenas 17.000 votos y un 0,7%. Magrísima ganancia a cambio de haber laminado a los partidos a su izquierda, pues Podemos, que en 2022 tuvo más de 61.000 votos y un 5%, se ha quedado ahora en un 0,7%. (y unos 9.000 votos). Una parte de ese electorado ha ido a parar a IU-Sumar (2,2 % y cerca de 28.000 votos). Si se suman el aumento del PSOE y los sufragios comunistas en sus dos vertientes, estamos prácticamente en las cifras podemitas de 2022.

Vox ha crecido un poco, de 13 a 14 escaños, de 213 a 234.000 votos y del 17,5 al 19%. En su moderada subida tiene que ver el impacto del invento de Alvise, cuyos votantes serán cualquier cosa menos rojos o liberales. Si los 17.000 votantes de SALF se hubieran sumado a Vox, éste habría arrebatado escaños al PSOE en Zamora, Valladolid y Segovia, con lo que el relato de estas elecciones sería muy distinto.

Por último, el provincialismo castellanoleonés, surgido al socaire de la España vaciada, se desinfla. ¡Soria ya! se deja dos de sus tres procuradores y los leonesistas no confirman sus expectativas, tampoco los abulenses. La izquierda pierde así otro mito movilizador.

En conclusión, por primera vez en democracia, anticipando en Castilla y León lo que es una tendencia mucho más amplia, el PSOE se encuentra sin muleta a su izquierda para, como ha hecho en tantas ocasiones, formular alianzas que desplacen al ganador de los comicios. Por el contrario, la derecha, que con un solo partido nunca subió del 52% del voto en el lejanísimo 1995, alcanza hoy, en un país dominado por el discurso de la izquierda, más del 55%. Esta mayoría debería dar paso a un cambio real que, sea en los ayuntamientos, sea en las autonomías o en el Gobierno desde el año próximo, deshaga el legado mefítico del sanchismo a todos los niveles. Simplemente, una nueva España y una nueva democracia son posibles.

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