La ilusión del estatus y la necesidad de una ciudadanía activa
Vivir obsesionado con el estatus y la comparación ajena termina siendo patológico. Es una enfermedad mental nacida del vacío interior, el miedo y la egomanía materialista; una dependencia absoluta de factores externos que confunde el éxito material con el verdadero valor de la existencia.
El estatus no es la vida, sino una ficción social que pertenece a una situación específica (un drama social o financiero) caracterizada por tres rasgos: es transitorio, porque cambia según la economía, el empleo o la opinión ajena; es un rol, pues funciona como un disfraz para interactuar en sociedad (vinculado a la ocupación, la profesión o la posición familiar) pero no define la identidad; y es limitado, ya que depende por completo del contexto externo y de las estructuras humanas.
En cambio, la vida misma es intrínseca, pues tiene valor por el simple hecho de existir; es igual para todos, ya que la energía vital dentro de un rey, un mendigo, un árbol o un insecto es exactamente la misma; y es independiente, puesto que no aumenta con una cuenta bancaria millonaria ni disminuye con la pobreza, los títulos o los reconocimientos.
Confundir ambos conceptos genera un........
