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Guías

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15.02.2026

También a la pequeña pero pujante capital (¿es pequeña pero pujante?, ¿pujante pero pequeña?) va llegando la ola del turisteo, una ola de lengua dulce y espumosa, como las del Mediterráneo en los días calmos, yodo vivificante para los pies que caminan desnudos sobre la blanda arena, ansias de paraíso; una ola que luego, según parece, hace la vida incómoda, porque los centros históricos, con su cansancio de siglos, soportan a duras penas el sunami de los devoradores del patrimonio, sea material o inmaterial. 


© Heraldo de Aragón