La Capilla Sixtina resignificada
13 de abril 2026 - 03:07
Imaginen lo que pasaría si un atemorizado papa León XIV cediera a las bravatas del que pretende constituirse en emperador del Sacro Imperio Humano Americano y aceptara resignificar la Capilla Sixtina –la obra más célebre de la propaganda católica– siguiendo el modelo de resignificación asignado por Trump al Despacho Oval. Este último fue, otrora, la Capilla Sixtina de la sacrosanta democracia americana que se ha venido proponiendo como modelo al mundo.
Hasta la llegada de Trump, los medios de comunicación y el arte han sido utilizados desde el Despacho Oval para ocultar, santificar, justificar y glorificar el expansionismo brutal de EEUU en el Cono Sur –y más allá–, la destrucción de los pueblos indígenas de América del Norte y la bomba de Hiroshima. Desde el Despacho Oval ahora no se oculta nada; se amenaza y aterroriza sin filtro alguno. Enfrentados de nuevo, como lo estuvieron antaño, a causa de las guerras, el Trono y el Altar –el Papa y el emperador–, cualquier cosa puede pasar.
A Trump le puede dar por imitar al católico emperador Carlos V y saquear Roma para imponer a la Ciudad del Vaticano, después de asolarla e inmatriculársela, una democracia tutelada con un papa “encargado”. Conociendo la ambición ciega del patrón del Sacro Imperio, lo primero que le arrebataría al pontífice serían sus liturgias, sus verdades teologales y sus imágenes, más valiosas que todo el petróleo del mundo. Ellas han servido de combustible durante dos mil años a una institución tan laberíntica como la Iglesia, y que fueron perfectamente plasmadas por Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina, en una eficaz operación de comunicación política y teológica propiciada por el papa Julio II. Las resumo: “Dios ha creado el mundo; Adán y Eva emborronan la Creación con un pecado pegajoso que se ha adherido a la humanidad entera como el chicle a una dentadura postiza. La incompetencia de nuestros primeros padres obliga a Dios, para arreglar el desaguisado y otorgarles su perdón, a mandar a su hijo para que se le crucifique”.
Trump introduciría un cambio substancial en el fresco de Miguel Ángel: borraría con inteligencia artificial la imagen del Altísimo dando vida a Adán y se colocaría él, cubiertas sus vergüenzas con una hoja de parra de oro de 24 quilates y su gorra de béisbol, ofreciendo un dólar al primer hombre para sus gastos.
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