Tercera estación, Castilla y León
15 de marzo 2026 - 03:12
Los castellanos y leoneses eligen hoy a su parlamento autonómico y, a la postre, votan si continúa gobernando el PP, como en las últimas cuatro décadas, o se produce un cambio radical y gobierna el PSOE tras imponerse al fin en las urnas. No hay más alternativas.
Las encuestas, incluidas las autodesacreditadas de Tezanos, son unánimes en el pronóstico. Con matices y diferencias de poca entidad, todas auguran un triunfo del candidato del Partido Popular, que es el actual presidente, un segundo lugar para el candidato del Partido Socialista, que no es sanchista, y una tercera plaza para el candidato de Vox, que es el delegado de Abascal en la zona y recibe un aumento notable de votos, pero sin superar su condición de tercero en liza.
El PP programó esta cadena de elecciones regionales como una operación de acoso al Gobierno socialista que preludiaría su derrota final y obligaría a adelantar las generales. La guinda sería la convocatoria en Andalucía, la única donde aún sueña con revalidar la mayoría absoluta y librarse de la molesta compañía de Vox que tanto le incordia en Extremadura, Aragón y, seguramente, Castilla y León.
La crecida de Abascal le está impidiendo a Feijóo el éxito de su estrategia: ganar en los cuatro territorios y gobernar en solitario. Derrota siempre a los socialistas, pero no puede cantar victoria sin pactar con Vox. Tampoco el PSOE tiene motivos para alegrarse de lo que dictan las urnas territoriales: pierde en todos los casos y ve acercarse peligrosamente a Vox, que ya no arrebata sólo electores a los populares, también pesca en el granero tradicionalmente socialista. Eso es más grave.
A Pedro Sánchez todavía le quedan dos esperanzas que pueden venir de dos espejismos. Una, que los electores se desahoguen castigando a los cuatro candidatos regionales que comentamos para que luego, en el combate final, lo absuelvan a él como mal menor y dique contra la alianza de la derecha y la ultraderecha. Dos, que un acontecimiento extraordinario, como la guerra contra Irán, agite al electorado progresista desencantado y abstencionista y lo movilice en torno suyo. Parece el designio de un asesor ajeno a la calle.
Creo que son dos ilusiones vanas. Salvo para una ínfima minoría, la opciones de voto se van conformando a lo largo de los años y todo indica que las elecciones generales, cuando sean, confirmarán una mayoría absoluta para PP y Vox. Juntos.
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