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Querida Mara

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22.03.2026

22 de marzo 2026 - 03:09

Querida Mara, nunca llegaste. Como un cometa insignificante tu luz centelleó, apagándose. Y, sin embargo, te quedaste siempre con nosotras. Te quisimos como se quieren las cosas importantes, con el corazón lleno de expectativas. No llegó a ser, pero será para siempre”.

No soy yo el autor de esas cuarenta y dos palabras que ustedes han leído al inicio de esta columna. Están escritas en dos notas plastificadas que cuelgan de un árbol plantado recientemente cerca de mi casa, en una esquina de un jardín público. Al árbol lo rodean unas piedras dispuestas con cuidado para protegerlo. Tras cada nota se ven dos fotos de una ecografía, en una de ellas se puede ver una fecha, sin duda que será la fecha en que se realizó la ecografía, datada en pocos días antes de la llegada del pasado verano. La ecografía muestra una imagen de una criatura, es un embarazo, deduzco que tristemente frustrado según dicen las hermosísimas palabras que ustedes han leído al inicio. Puedo imaginar la enorme ilusión con la que se esperaba a Mara, ya tenía su propio nombre, ya estaba con ellas en su corazón. Supongo, apenado, el inmenso dolor que produjo su pérdida, el latido desgarrado que se quedó con su no llegada. ¿Qué podía haber más importante que esa nueva vida que desearon tanto?

Reconozco que me acerque al árbol pensando que allí, en aquellos papeles, estaría el nombre del árbol o cualquier cosa nimia y que se borraría de la memoria en poco tiempo. Muy al contrario fue lo que encontré y me permito llevar el hecho hasta esta columna. Espero me perdonen las autoras de tan bellas palabras si en algo les molesta que no haya podido resistirme a plasmar este encuentro fortuito de tan bello gesto de amor, pues así me lo parece.

Decirles que me solidarizo con su dolor puede parecerles vacuo, pero muchos años atrás también la mujer que comparte mi vida perdió ese cometa, cuán brillante metáfora, y decir perdimos casi me suena egoísta. Si en algo puede consolar, les diré que la vida luego nos dio otra oportunidad y nos llegó una maravillosa estrella a la que queremos con el corazón, como lo más importante de nuestras vidas. Ojalá a Mara puedan sucederla otras estrellas que llenen vuestras vidas de felicidad, y no sean amargas sino amorosas. Entre tanto ruido de guerras y odios que nos rodean, esas palabras anónimas me llenaron de paz. Vale.

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