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Capricho ajeno

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11.03.2026

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Creo que en estas noches, frías como lo están siendo, se escuchan ruidos siniestros en el Panteón de los Reyes, en la basílica de San ... Isidoro. Que un aterrador rugido corta el aire y agita las losas. Que las pinturas románicas, iluminadas apenas por la luna que se cuela por las rendijas, parecen inclinarse hacia el sepulcro del que procede el espeluznante estremecimiento. Y creo que es Urraca I de León, revolviéndose en su tumba, al ver que los separatistas quieren hoy despedazar lo que ella tanto peleó en vida por mantener unido. Si no se les ha aparecido ya por la noche, fantasmal, para pedirles cuentas, debe estar a punto de hacerlo.

¿Qué quieren ustedes? Estoy leyendo la biografía de Isabel San Sebastián y no me quito el personaje de la cabeza. ¡Tremenda mujer! Audaz, culta y con una determinación más alta que la Torre de la Rosaleda. ¿Qué diría la reina Urraca si supiera que hay quien quiere debilitarnos, escindiendo a estas alturas León de Castilla? Que un partido se presente a nuestras elecciones democráticas con ese programa debe ser lo más parecido, traduciendo desde la Edad Media, a la entrada por la fuerza de Alfonso el Batallador en Sahagún.

Digo por la fuerza y digo bien, porque no queremos. Ni en Zamora, ni en Salamanca. ¿Qué pretenden hacer con nosotros? ¿Equipararnos con esos catalanes que también se sienten españoles y que son insultantemente ignorados en su propia tierra? Si exceptuamos su deseo de división, ofrecen un programa electoral calcado del resto de los partidos. Quieren que hablemos leonés, eso sí. En leonés, trocear se dice «esmeneinare», empobrecer se dice «apobrecere» y empequeñecer se dice «empequeñecer», según el diccionario en línea «pallabreirulliones». Más no puedo decirles.

Insisto en la idea de que no necesitamos más comunidades autónomas, sino menos. No más consejerías, parlamento, sedes, organismos y estructuras duplicadas a costa del contribuyente. No otra televisión regional dale que te pego todo el día con «Me vuelvo al pueblo leonés». Si me tuerzo el tobillo en Ávila, porque he ido a dar un paseo y comprar unas yemas, quiero que me atiendan con mi tarjeta sanitaria. No nos beneficia fragmentar más los servicios públicos, las redes comerciales, agrícolas y logísticas. No ganamos nada con más desintegración. Y si nos sentimos relegados, pues tendrán los nuestros que ponerse más firmes en Valladolid, pero no arrastrarnos a la sala de despiece.

Urraca tuvo que enfrentarse a esto mismo: nobles que querían su propio feudo, ciudades que buscaban privilegios, alianzas que se rompían al amanecer. Y aun así, mantuvo el reino entero. Un reino que no era perfecto, pero que era el suyo. Si hoy levantase la cabeza, les diría lo mismo que a los legados papales cuando quisieron imponerle condiciones imposibles: «El reino que heredé no se deshace por capricho ajeno».

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