...el que no bote
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CompartirOcurrió el domingo pasado en el Helmántico. Jugaban el Salamanca UDS contra el filial del Dépor. Los jugadores charros hicieron un deportivo pasillo a los ... gallegos porque ya se habían proclamado campeones de Liga en Segunda Federación. Después, todos ellos, guardaron un minuto de silencio en el círculo central en memoria de María Caamaño, la «princesa guerra futbolera», que nos dejó la semana pasada después de haber luchado, con su eterna sonrisa como arma, contra el sarcoma de Ewing que la amenazaba desde hacía años. Pero había que ensuciar ambos homenajes. Y así lo hizo una panda de energúmenos que, después de una estupenda jugada protagonizada por el jugador rival camerunés Rodrigue Dipanda, comenzó a gritar «musulmán el que no bote». Eran pocos y se confundían en el Fondo Sur, pero se les escuchó perfectamente, hasta el punto de que el árbitro aplicó el protocolo antirracismo y detuvo el partido durante un par de minutos. Nadie les silbó. Han pasado más de veinticuatro horas y el Salamanca UDS tampoco ha emitido todavía una nota oficial de condena por tan lamentables hechos. Y eso que en sus filas milita el lateral maliense Souley Gassama, musulmán practicante que reza antes de cada partido por él y por todos sus compañeros «para ganar y para que nadie se lesione». Hoy le entrevistamos en la sección deportiva y nos recuerda que «todos somos seres humanos, algo que está antes que el fútbol».
Menudo gol por la escuadra nos ha metido a todos con sus declaraciones. Porque ahí está la clave, todos somos personas, sin importar el color de nuestra piel, la religión que profesamos, nuestra edad, nuestra orientación sexual, nuestro género, nuestras diferentes capacidades, nuestra clase social, nuestra formación, nuestras aficiones... Seres humanos.
Por eso, no me gustaron las declaraciones del pasado fin de semana de la exvicepresidenta del gobierno y candidata socialista a la Junta de Andalucía, María Jesús Montero. Peloteaba la ex de Hacienda con el número uno por ser el gran artífice de la actual regularización extraordinaria de personas migrantes cuando destacó a los extranjeros «que conviven con nosotros, que cuidan de nuestros mayores, que se hacen cargo de nuestros hijos o recogen las cosechas del campo». Y no me agradaron sus palabras porque ofreció una imagen estereotipada del inmigrante como una persona que solo trabaja en lo que los españoles no quieren. Y eso no es así.
Como tampoco me parece edificante el punto del acuerdo al que han llegado PP y Vox en Extremadura, para investir a María Guardiola como presidenta, que habla de la «prioridad nacional» a la hora de acceder a ayudas, subvenciones o prestaciones públicas. Hasta una persona tan poco sospechosa como la presidenta popular madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha reconocido que esa idea ni es legal, ni se ajusta a Derecho. Vamos, que es como venir a justificar la política que han ido implantando los independentistas durante los últimos años en los territorios donde gobiernan. ¿Les gustaría a los extremeños que han ido a trabajar a Cataluña que les apliquen el principio de prioridad nacional porque no tienen el arraigo suficiente al llegar a aquella comunidad? Cuánta demagogia barata.
Así que hoy me gustaría gritar ¡diferente el que no bote, es, es! Y a mucha honra.
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