El chiringuito de Vox
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CompartirJuan García-Gallardo fue el primer vicepresidente que tuvo Vox en su corta historia política. Tuvo que dimitir de todos sus cargos, entre ellos el ... de portavoz, muy bien remunerado, por cierto, con 98.737 euros entre salario e indemnización por gastos. Pero Gallardo demostró que cuando tuvo que elegir entre el honor y los sillones, eligió lo primero, no como otros compañeros suyos que se mantuvieron en las poltronas contra viento y marea.
Gallardo actuó con gallardía y cayó cuando Bambú, que es un ente abstracto al que recurren todos cuando se le pregunta quién manda en Vox, le dijo, por sorpresa, que se tenían que ir de los gobiernos autonómicos y dejar tirados como colillas a sus votantes. No lo entendió, pero guardó un discreto silencio. Ayer destapó la caja de los truenos y reveló, en una demoledora entrevista publicada en El Mundo, que la disculpa de la acogida de los menores extranjeros no acompañados (menas) ha resultado ser una excusa de un socio poco cumplidor.
Resulta que el PP tenía razón: no se fueron por el incumplimiento de los pactos en cuestión de política migratoria. Pegaron la «espantá» porque les iban mal las encuestas.
El primer vicepresidente de Vox aguantó todavía unos cuantos meses más, pero a principios del año pasado se fue sin hacer demasiado ruido a su despacho de abogados.
A Gallardo le querían obligar en Bambú a firmar la expulsión de dos procuradores críticos con los métodos y maneras poco democráticas del partido, entre ellos estaba el salmantino Javier Teira. Hoy también sabemos, gracias a las reveladoras y duras palabras del exvicepresidente, que fue perdiendo de manera paulatina su confianza en el que, en teoría, es el presidente de Vox, pero en la práctica es simplemente el hombre de paja.
«Dime de qué presumes y te diré de qué careces». El refrán castellano podría aplicase perfectamente a Vox por las supuestas irregularidades y el presunto chiringuito económico que tienen montado en Bambú. Ahí debe cobrar hasta el apuntador, siempre que sea amigo o pariente de los que manejan el partido. Dice García-Gallardo que se fue desengañando cuando se enteró de que la mujer de Abascal habría cobrado 60.000 euros anuales en 2019 a través de un proveedor vinculado al partido por trabajos de consultoría.
El patriótico Vox venía a regenerar la política, estaba «entre los corruptos del PSOE y la estafa del PP», se desgañitaba estos días de campaña Abascal. Ya puede explicar muy bien qué hacen con el dinero de las cuotas de los afiliados, con el que reciben de las instituciones públicas los distintos grupos políticos y, por supuesto, el lobby judío al que también se refiere García- Gallardo.
La falta de transparencia en las cuentas es algo que ya denunciaron en Salamanca varios afiliados en la primera crisis que tuvo Vox. En ese momento, Bambú miraba para otro lado en favor del crecimiento de la formación política, que estaba empezando a despuntar con ese discurso engañoso de la derechita cobarde.
Abascal no es más que un producto de marketing defectuoso, creado por unos cuantos para hacer caja. Y quien se atreve a denunciar que no hay democracia interna, que han abandonado los principios, que carecen de valores y que ni siquiera saben a dónde van, lo expulsan del partido sin más explicaciones.
Veo a Mañueco negociando con Méndez- Monasterio y Ariza, que parece ser que son los que mueven a la marioneta Abascal. No lo digo yo, lo dice el que fue el primer vicepresidente que tuvo Vox en una comunidad autónoma, que acusaba juventud, pero no era un tonto al que pudieran engañar desde ese ente abstracto que llaman Bambú y que parece una máquina de hacer caja.
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