Demasiado tarde, princesa
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CompartirQué tendrán las princesas, que siempre nos las pintan frágiles, esperando un príncipe que las rescate, o durmiendo el sueño de los inocentes hasta que ... alguien las despierte.
Los buenos lectores de cuentos son los que saben entender que, en el fondo, las princesitas son las más valientes: las que protagonizan la lección de la historia. Las que dejan huella.
La Sirenita no tuvo un final feliz. Cambió su voz por unas piernas, caminó con dolor a cada paso -que coincidencia-, y al final perdió también al príncipe. Andersen no escribió un cuento, sino una verdad incómoda sobre el sacrificio que no siempre tiene recompensa. El Principito, por ejemplo, se marchó una noche sin avisar, pero dejó algo que no se puede tocar: la certeza de que lo que hace especial a alguien no es lo que tiene, sino el tiempo que le dedicas y la huella que imprime en ti.
Las princesas de ahora no viven en los cuentos ni tienen nombres Disney. Viven en Encinas de Abajo y se llaman María. Luchan contra algo que no tiene nombre bonito ni tampoco un final de película. No viven felices, no comen........
