¿Estamos en un país de película?
El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV
Repasando los asuntos que marcan de forma machacona la actualidad, en ocasiones uno se siente como ese ratoncito que da vueltas sobre una rueda. Es frustrante, provoca impotencia y desasosiego, porque por muy rápido que te muevas siempre acabas en el mismo punto.
Los casos de corrupción son un maná inagotable de noticias putrefactas. Esta semana ha sido de las que hacen historia: por primera vez un presidente del Gobierno acudió a los juzgados como imputado (a ver quién supera ese listón). Ver a entrar sonriente a José Luis Rodríguez Zapatero en la Audiencia Nacional produce una extraña sensación: por una parte, reconforta que la justicia sea igual para todo el mundo, que no entienda de cargos ni estatus (aunque esta frase la voy a poner en cuarentena); por otra, desazona que un político que parecía un ejemplo de coherencia y honestidad (con todas las discrepancias ideológicas) tenga que responder de delitos como tráfico de influencias, blanqueo de capitales o contrabando (la imagen de las joyas en una caja fuerte de su despacho le perseguirá toda la vida). Al final va a resultar que sus relaciones con Venezuela o China no eran altruistas, humanitarias, sino muy interesadas. Tóxicas. Incluso delictivas. El entramado que presuntamente (un adverbio que en su caso se debilita a cada paso) montó con su familia sonroja. Veremos cómo acaba el cuento, pero la pinta es muy mala. Incluso aquellos que lo han apoyado con granítica firmeza han pasado del celebérrimo «yo sí te creo» a ¿y si…?
Pero antes fue la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez,........
