El negocio de Infantino
Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
Veo estos días al omnipresente Infantino en el palco de los estadios y me genera un violento rechazo pensar que dentro de unas semanas la administración y casi todas las instituciones españolas se pondrán a los pies de este lacayo de Trump para organizar el Mundial que dentro de cuatro años se disputará por aquí (ya veremos si Vigo entra al final en esa rueda maléfica que consiste en pagar una tremenda factura para alimentar el negocio infinito de la FIFA). Los estadios se llenan de aficionados que han comprado entradas a precio de oro, los partidos se interrumpen para que la caja registradora no se detenga y si algo molesta a quien paga la fiesta se le esconde debajo de una alfombra (véase la selección de Irán).
Tal vez por ello disfruto menos de este campeonato que sigo con un desdén sorprendente. Mi yo de veinte años estaría escandalizado viendo cómo me voy tranquilamente a la cama mientras el fútbol invade la noche, Juan Carlos Rivero se inventa nuevos futbolistas y los comentaristas de DAZN no entienden el significado y la importancia del silencio. Supongo que la llegada de las eliminatorias lo cambiará todo porque realmente este circo no arranca hasta que una derrota te pone en un avión de regreso a casa mientras el seleccionador busca las razones con las que justificará el desastre. Puede que entonces me enganche a un torneo que antes era una simpática mezcla de estilos y de diferentes formas de entender el juego y la vida. En cambio hoy todos los equipos se parecen. El fútbol se ha globalizado a costa de que en cualquier lugar........
