menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Si Cachamuíña levantase la cabeza

17 0
27.03.2026

La puerta de Gamboa ya espera por Carolo y compañía. / Pedro Mina

Ahora que ya estamos de Reconquista, con flamantes nuevos Vigueses Distinguidos y las Medallas de Oro colgando en los cuellos de José García Costas —empresario de raza— y Patricia de Dios —en representación del Colegio Carmelitas—, me pregunto qué pensarían del Vigo de hoy los héroes que lideraron la expulsión de las tropas de Napoleón en 1809. Esos gracias a los cuales recibió los títulos de «Fiel, Leal y Valerosa» y puede presumir, 217 años después, de haber sido la primera ciudad europea en reconquistar lo que era suyo sin ayuda de ningún ejército, solo con la voluntad del pueblo. ¿Reconocerían algo de este rincón de la ría Cachamuíña, Morillo, Carolo, Aurora, Almeida, Vázquez Varela, el abad de Valladares y compañía? Uhm, contesten ustedes.

Desde luego, gestas como esa tienen que forjar el carácter. Los vigueses, solos —aunque seguro que los del Miñor, Baixo Miño y Louriña aportamos nuestro granito de arena—, contra un enemigo externo, superior, y aun así vencieron. Este fin de semana, el Casco Vello revivirá este episodio: Carolo, que era mariñeiro —¿qué iba a ser, si no?—, derribará la Puerta de Gamboa a patadas y hachazos y el pueblo volverá a expulsar a los gabachos. Au revoir, amigos galos; hasta dentro de 150 años, cuando Citroën arribe de nuevo a Vigo (imagino que esto de la Reconquista y la expulsión del ejército napoleónico no salió en las negociaciones para instalar la fábrica).

Aquí, en FARO, que nacería apenas 64 años después de que los vigueses volviesen a tomar el control de su ciudad, hemos vuelto a caracterizar a seis destacados personajes de Vigo —no revelaré sus identidades para no estropear la sorpresa— como los héroes de la Reconquista para que nos hablen de los valores que representan y de sus propias reconquistas personales. Un trabajo encomiable que, desde hace unos años, se reparten Borja Melchor y Víctor Currás, y antes otros compañeros como Carlos Prego. Lo podrán leer y ver en vídeo —que para eso somos multiplataforma— el próximo domingo; no se lo pierdan.

Pero, volviendo a la gesta, al carácter indómito de los vigueses —que ha vuelto a relucir cada vez que se ha atentado contra su independencia e intereses— y a la pregunta de si aquellos héroes reconocerían el Vigo actual, yo opino que sí. La ría, pese a los rellenos y la presión urbana, sigue maravillando. Las Cíes, O Castro, A Guía… no creo que se perdiesen. ¿Y los valores, el sentimiento de arraigo, de defensa feroz, de independencia? Pues también. Solo tendrían que ver cómo ha reaccionado esta ciudad cada vez que se ha sentido atacada (con Peinador, las cajas de ahorros, el AVE, el puerto). Otra cosa es que, como en 1809, saliese airosa o no. Pero por luchar que no sea.

Porque, en el fondo, Vigo sigue siendo eso: una ciudad que no espera a que la salven. Una ciudad que, cuando toca, empuja. A veces mejor, a veces peor; a veces con acierto, otras a trompicones. Pero se rebela. Y quizá ahí esté la verdadera herencia de aquella Reconquista: no en la épica puntual ni en la postal festiva con el choripán y la cerveza, sino en esa manera tan viguesa de plantarse, apretar los dientes y tirar hacia delante, aunque el resultado —como entonces— no esté garantizado.

Si quieres recibir este análisis de la actualidad en tu correo tan solo debes activar este boletín en nuestra página web

Suscríbete para seguir leyendo


© Faro de Vigo