Edadismo: el muro silencioso
La barrera del edadismo / Simón Espinosa
El edadismo es una forma de discriminación que no solo afecta a las personas mayores. También sufren su toxicidad todos los que son discriminados por razón de su edad (jóvenes o adultos). Aquí vamos a hablar del edadismo que se asocia con el envejecimiento.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el edadismo es la combinación de estereotipos, prejuicios y discriminación que dirigimos hacia los demás o, en muchos casos, hacia nosotros mismos, en función de la edad.
El edadismo está compuesto de estereotipos (negativos o positivos), prejuicios que conllevan una carga emocional (rechazo, lástima, paternalismo) y discriminación en función de la edad (acciones, decisiones u omisiones). Estas actitudes se muestran en tres ámbitos: autoinfligido, familiar e institucional.
El edadismo autoinfligido
Se da por nuestra propia percepción sobre el envejecimiento y nuestras actitudes discriminatorias, a veces inconscientes, y que parten de considerar que, a “nuestra edad”, solo tenemos que afrontar el deterioro de la salud física, mental y la muerte. Cuando las personas mayores interiorizan estos mensajes negativos sobre la vejez es como ir bebiendo poco a poco un veneno.
El edadismo familiar o de nuestro entorno cercano
Que se da cuando la propia familia o las personas con las que convivimos intentan sobreprotegernos, nos hablan en tono paternalista, infantilizado, y toman decisiones por nosotros, como si ya no entendiéramos lo que pasa y nos consideran incapaces de gestionar nuestros asuntos.
El edadismo institucional y social
De las empresas, los medios de comunicación, los gobiernos y el sistema de salud que, a través de políticas, reglas, normas o actitudes marginan, explícita o implícitamente, a las personas de cierta edad. Se da cuando la sociedad envía mensajes discriminatorios sobre las personas mayores dibujándolas como si todas fueran frágiles y dependientes, sin reconocer la diversidad y las contribuciones que hacen. En España, el 62% de las personas reconocen sufrir discriminación institucional. Algunos informes muestran que el 50% de las personas consideran que la imagen que dan los medios y redes sociales no los representan positivamente.
La percepción que tenemos de la vejez afecta nuestra esperanza de vida y el bienestar. Cuando nos rodean estereotipos que asocian cumplir años con fragilidad, dependencia y soledad, las personas sienten vergüenza y sensación de inutilidad recurrentemente. Los estereotipos negativos les afecta física y psicológicamente además de autolimitar su desenvolvimiento y funcionalidad.
Los datos son claros: quienes sufren más discriminación por edad, incluyendo la que se infligen a sí mismos, tienen peor salud física y psicológica, se sienten más solos y menos satisfechos con la vida. El edadismo autoinfligido además multiplica la vulnerabilidad y la decadencia. Todo esto se traduce en un problema de salud pública.
El reto es transformar la imagen social y fomentar la educación para que estos estereotipos, prejuicios y discriminación no se sigan dando. Debemos recordar que todos (si tenemos salud) vamos a ser adultos mayores, algún día.
El desafío que tenemos como sociedad es cambiar esa imagen social del envejecimiento ligado a la decrepitud que, además, ya no se corresponde con la nueva esperanza de vida y, mucho menos, con como la generación de los baby boomers está viviendo esta nueva longevidad. Las personas mayores de 60 años ya no encajan en estos estereotipos, rechazan estas imágenes negativas, expresan satisfacción y orgullo por los retos y experiencias que están viviendo durante esta etapa. Esta autopercepción positiva es la clave para un envejecimiento pleno y saludable.
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Ahora, es el turno para que las empresas, los medios y las instituciones publicas empiecen a analizar y corregir sus prejuicios, sus percepciones y la discriminación que emanan por razón de la edad.
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