Amancio Ortega, un regalo
Nos avisaron con un cierto secretismo. Por fin íbamos a ser recibidos por el hasta entonces casi inédito Amancio Ortega. Hasta entonces, la discreción había propiciado la circulación de una única fotografía suya, creo recordar que de un fotógrafo de La Opinión. Iríamos a Arteixo invitados a conocer las instalaciones de Zara y, aún más relevante, a su creador; lo haríamos los directivos de Radio y Televisión. Francisco Campos, director general de la CRTVG, me preguntó qué podríamos regalarle. Le contesté que de eso me ocuparía yo, pero que no le diría el qué. Confió en mí. Estábamos a escasos días de que la empresa empezase a cotizar en Bolsa, el 23 de mayo de 2001. Y allá nos encaminamos.
Fuimos recibidos por el señor Ortega. Nos acompañó en un recorrido por las instalaciones, que nos explicó personalmente. En el almuerzo se hizo acompañar por Juan Carlos Rodríguez Cebrián, su sobrino, entonces su brazo derecho y conocido mío, lo que explicaba la complicidad demostrada al reír mis pequeñas travesuras interrogatorias, mis inocentes ironías. No estuvo José María Castellanos. El menú fue discreto, el de la cafetería. La conversación resultó intensa, centrada en conocer pormenores personales, las claves del éxito y algunos aspectos de enjundia sobre rumores —casi siempre perversos, debidos a la propia discreción con la que se había llevado un proceso de éxito mundial que ahora se estudia en las universidades—. Recuerdo haber llevado........
