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El precio de no elegir

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20.06.2026

La primera potencia militar del planeta acaba de descubrir el límite de su propia fuerza. Estados Unidos golpeó a Irán con una superioridad aplastante, pero no logró convertir esa superioridad en un resultado político duradero. El responsable de que el Perú no esté leyendo bien lo que eso significa no está en Washington ni en Pekín: está en Lima. Veamos de cerca lo ocurrido. En 1991, en el Golfo, y en 2003, en Irak, Estados Unidos hizo la guerra desde santuarios intocables: bases seguras, portaaviones sin amenaza creíble y costos casi nulos para sus fuerzas. Ese paradigma terminó este año. Irán golpeó instalaciones estadounidenses en varios países del Golfo, inutilizó capacidades de mando y obligó a la Marina a evitar el sostenimiento de destructores dentro de aguas confinadas. Washington ni siquiera reabrió militarmente el estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20 % del petróleo mundial. El desenlace no fue una rendición iraní, sino un memorando de entendimiento que libera fondos........

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