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¿Impunidad al volante?

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28.02.2026

Lizeth Marzano Noguera (33), multicampeona del buceo libre, murió arrollada a las 11:30 p. m. del 17 de febrero, en la calle Camino Real, San Isidro. Adrián Villar Chirinos (21) la atropelló. Una madre, Rosa Noguera, llora por la hija que no volverá a ver y otra, Marcela Chirinos, por un hijo que mostró desprecio por la vida ajena. La muerte de Lizeth no es un hecho aislado. La tragedia revela la irresponsabilidad e indolencia de algunos conductores y el déficit de seguridad vial de la actual gestión municipal de San Isidro. La deportista fue embestida en un perímetro usado por corredores, peatones y personas de la tercera edad. La vereda es estrecha y la pista tiene lo que aparenta ser una ciclovía, que confunde a ciclistas, peatones y a choferes. El riesgo debe anticiparse por la autoridad, pero la invisible alcaldesa Nancy Rosalie Vizurraga Torrejón (Renovación Popular) no dice ni mú. Este accidente no puede tomarse como una estadística más, sino servir para generar mayor protección a los peatones: con respuestas de emergencia rápidas; poyos que marquen claramente la división entre ciclovías y calzada (sobre todo si están al mismo nivel), así como fiscalización electrónica de límites de velocidad y uso de los llamados ojos de gato y señales reflectivas, que desmotivan la alta velocidad. Porque la velocidad es determinante. A partir de 50 km/h, por ejemplo, el riesgo de muerte para el peatón se incrementa exponencialmente; mientras que a 70 km/h la probabilidad de lesiones letales es extremadamente alta, cinco veces mayor que a 50 km/h. Esto porque el impacto expulsa a la víctima de 10 a 20 metros, causando usualmente traumatismo craneoencefálico severo, con daño cerebral generalmente irreversible, y lesiones pulmonares. Es probable que el golpe sellara el destino de Lizeth. Villar corría a 70 km/h, en una zona urbana con cruce de semáforos y una ligera curva hacia la derecha. No explica cómo perdió el control del vehículo, embistió a Lizeth, impactó a un árbol y terminó en la estrecha vereda. Tampoco por qué no se detuvo para socorrerla. Huyó, estando a escasas cuadras de la clínica Anglo-Americana. La atención médica quizá pudo marcar alguna diferencia —al menos que la madre pudiera despedirse de su hija—; por ello, la omisión de socorro y la fuga agravan el cuadro legal y ético de Adrián, hoy investigado por homicidio culposo, omisión de auxilio y fuga. Nadie está libre de un accidente; la diferencia es si se socorre a la víctima o se le abandona. Que esta dolorosa tragedia sea un punto de inflexión: sanción para quien infringió la ley, pero también rediseño urgente del entorno vial. Sin infraestructura protectora y control efectivo, cualquier error humano se transforma en sentencia de muerte para quienes solo buscan ejercitarse o caminar en su propio distrito, sea San Isidro o Comas. Descansa en paz, Lizeth. Mis condolencias para la familia Marzano Noguera.

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