Vendedores de sebo de culebra…
Cuando éramos niños, íbamos por concurridos parques o áreas cercanas a los mercados populares, y era ya costumbre encontrar sujetos rodeados por numerosos grupos humanos, atrapados por una argumentación que mezclaba ideas de sufrimientos físicos y mentales con alternativas de curaciones casi milagrosas ante un público normalmente integrado por personas humildes, con el dinero justo para el pasaje de regreso a sus casas o para una magra comida, porque casi todos ellos se tomaban un descanso en los lugares mencionados durante la búsqueda de trabajo. En otras palabras, casi todos eran desocupados y tenían solo un sol en el bolsillo. Lo extraordinario de estos discurseros callejeros es que lograban vender cosas inservibles a esa gente, que pagaba con el dinero de su pasaje y comida, quedándose con una crema, un jarabe, pomadas y hasta........
