Juego patológico
Este trastorno consiste en la presencia de episodios de juego frecuentes y reiterados que dominan la vida del enfermo, en perjuicio de sus valores y obligaciones sociales, laborales y familiares. Se caracteriza por la presencia de dos o más episodios de juego. Estos episodios carecen de proyecto económico para el paciente, pero se reiteran a pesar de los efectos perjudiciales sobre el entorno familiar y social, produciendo un malestar personal. Se insiste en la idea obsesiva: el jugador describe un impulso intenso a jugar, difícil de controlar, y afirma ser incapaz de dejar de hacerlo mediante un esfuerzo de voluntad. En estos casos, la voluntad está quebrada y siempre le asaltan ideas o imágenes relacionadas con el acto de jugar. En estas personas existe una ruptura emocional consigo mismas, con la familia y con la sociedad. Solo piensan en jugar todo el día; no hay descanso, falta el apetito y aparece la ansiedad. No les interesa ganar o perder: siempre están con la idea fija del juego. La relación con la esposa o esposo e hijos es ausente. Muchas veces pierden el trabajo y gastan sus ahorros, pero son ingeniosos para conseguir dinero. Algunas veces se relacionan con estafas o venden sus propiedades sin el consentimiento de la familia. Están predispuestos al consumo de drogas y alcohol. Esa ingesta les da una tranquilidad aparente. Se alejan de las relaciones familiares y sociales, les gusta la soledad y el círculo cerrado que frecuentan es de jugadores. Se convierten en personas con falta de sensibilidad humana: el amor es el juego. No hay caricias, ternura ni engreimientos. La vida sexual es asexuada y el único placer que sienten es cuando están jugando. Empieza a fallar la economía del hogar: no pagan las necesidades básicas, los colegios, los institutos o la universidad. En algunos casos tiene que intervenir la ley, a través de la familia, porque son incapaces de administrar su propia economía, exponiendo a la familia; entonces se les nombra un curador, bajo evaluación psiquiátrica y psicológica, para determinar el grado de incapacidad y a quién hacen responsable. He conocido casos en que la ley los ha calificado de esta manera, pero seguían jugando. Tienen el mismo comportamiento que los drogadictos y alcohólicos. La diferencia está en el juego patológico. En otros casos, se han enfermado del sistema nervioso y los han internado en un hospital o clínica de salud mental. ¿Cuál es el origen de esta patología? Por lo general, no han sido gratificados emocionalmente por los padres o la familia, o han crecido viendo que todos son jugadores. Si rascamos en el interior de estas personas, tengan la seguridad de que siempre se han sentido solas y han encontrado en el juego una forma de llenar ese vacío. Podemos saber las causas, pero lo importante es cómo la tratamos. Primero, el paciente tiene que tomar conciencia de que está conduciendo su vida equivocadamente. Segundo, debe establecer relación profesional con expertos en salud mental, mediante grupos de apoyo. Tercero, necesita el amor de la familia, sin críticas, con cariño y comunicación. La palabra es importante: cala, quiebra a la persona, invita a la reflexión y a tomar decisiones para su bien, en beneficio de su autorrealización y paz.
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