menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Plan de acción para el gobierno entrante

24 0
14.06.2026

Los resultados de las elecciones presidenciales han dejado al descubierto una polarización profunda que atraviesa al país de norte a sur. El mapa electoral refleja con crudeza la geografía de la desigualdad: las regiones con mayores índices de pobreza —sobre todo en la sierra y la selva— votaron mayoritariamente por la izquierda radical, mientras que las zonas urbanas con menor pobreza y mayor acceso a servicios se inclinaron por opciones de centro derecha. Esta fractura no es solo  política; es social, económica y cultural. Y obliga al próximo gobierno a actuar con una audacia que el Perú no ha visto en décadas. No bastará con crecer por encima del 3% anual. Para desactivar la polarización y evitar que millones de ciudadanos sigan siendo presa fácil del discurso demagógico de la izquierda, se necesita un plan de acción capaz de sacar de la trampa de la pobreza a ese segmento de peruanos que hoy vive excluido del progreso nacional.

El Perú carga hoy con una verdad incómoda: casi treinta por ciento de su población vive atrapada en la pobreza, y esa pobreza no está distribuida al azar. Se concentra en la sierra y selva, en comunidades quechua y aymara históricamente relegadas, y en los cinturones urbanos que rodean Lima, Arequipa, Trujillo, Piura, o Chiclayo. Allí, donde el Estado llega tarde o no llega, la vida cotidiana transcurre entre la informalidad, la baja productividad y la ausencia de oportunidades reales de progreso.

Durante dos décadas, la respuesta predominante ha sido la misma: transferencias monetarias. Programas que alivian, pero no transforman. Que mitigan el hambre, pero no crean riqueza. Que aumentan el consumo, pero no la producción. Y que, en el fondo, mantienen a millones de peruanos en un estado de dependencia que no rompe la trampa de la pobreza. La evidencia es clara: la pobreza estructural no se derrota con bonos, sino con productividad y crecimiento económico.

La pregunta, entonces, es inevitable: ¿qué tipo de acción puede elevar la productividad de ese 30% de peruanos que hoy produce muy poco porque nunca recibió el capital, la tecnología ni el acompañamiento necesarios para producir más?

En 1933 en plena Gran Depresión, John M. Keynes, el famoso economista, le escribió a Franklin D. Roosevelt una de las cartas más célebres de la historia económica moderna. En ella, Keynes le advirtió que, aunque las reformas estructurales de largo plazo eran necesarias, el país no podía esperar a que esas reformas maduraran para empezar a recuperarse. Había que actuar de inmediato.

La idea central de la carta puede resumirse así: mientras se diseñan y aprueban las grandes reformas, el gobierno debe impulsar inmediatamente un programa que reactive la economía y genere empleo. Keynes temía que, sin resultados visibles en el corto plazo, el apoyo político a Roosevelt se erosionara y la crisis se profundizara. La reacción de Roosevelt a la carta de Keynes fue la implementación del “New Deal” que salvó a los EUA de caer en las garras del comunismo.

En la situación actual del Perú, la respuesta pasa por un “big push”, un impulso masivo, inmediato y coordinado que combine inversión en capital físico, asistencia técnica y movilización social. Un esfuerzo de escala nacional que transforme la estructura productiva de la sierra, la selva y los barrios periféricos de las grandes ciudades. Y que lo haga rápido, antes de que las tensiones sociales, la polarización política o la frustración acumulada neutralicen cualquier intento de reforma.

Ese big push debe comenzar por lo esencial: transferencia masiva de capital productivo. Tractores, canales de riego, siembra y cosecha de agua, reservorios, fertilizantes, semillas mejoradas, maquinaria para postcosecha, créditos, caminos vecinales, centros de acopio. Pero también algo igual de importante: promotores y extensionistas que trabajen codo a codo con los beneficiarios, enseñando, acompañando, corrigiendo, impulsando. La productividad no aumenta solo con fierros; aumenta con conocimiento, organización y confianza.

Sin embargo, un programa de esta magnitud requiere financiamiento. Y aquí aparece una........

© Expreso