Competitividad. El valor de la tecnología está en su integración, no en su adquisición
Países y regiones han logrado transformar sus capacidades científicas en ventajas competitivas a favor de la prosperidad y desarrollo.
En el Ranking de Competitividad Mundial de 2024 del Institute for Management Development (IMD), se evaluaron 67 economías según 164 criterios agrupados en cuatro categorías: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructura. El ranking está dominado por economías europeas, mientras que en Asia destacan Singapur, Taiwán y Hong Kong entre los diez primeros. España se ubicó en el puesto 40, Chile en el 44 y México en el 56.
A pesar de ser una de las economías más innovadoras de América Latina y tener un PIB de 1.85 billones de dólares estadounidenses en 2024, con el 20.4% proveniente del sector manufacturero, el principal desafío de México es la fragmentación de su ecosistema de innovación.
Para afrontar este reto, es fundamental que universidades, empresas y gobierno trabajen interconectados con un propósito común: contribuir al desarrollo productivo y social. Las universidades deben fomentar la investigación que genere innovaciones capaces de transformar la industria, mientras que las empresas y el gobierno deben operar como un sistema colaborativo.
El primer paso para que el conocimiento universitario se traduzca en impacto económico es la protección de la propiedad intelectual, que sirve de puente entre la invención y su potencial comercial. La Ley Bayh-Dole de 1980 en Estados Unidos es un ejemplo de cómo una política pública puede reconfigurar un ecosistema de innovación al incentivar a las universidades a comercializar........
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