La herencia de lucidez humanista que ha dejado Edgar Morin. Por Sergio Muñoz Riveros
Morin llamaba a resistir la barbarie humana, lo que implica resistencia a la maldad triunfante, la indiferencia y la fatiga. Llamaba a la tolerancia, la compasión, la mansedumbre, la misericordia. Resistir el mal, resistir la crueldad, es resistir a lo que separa, es defender lo frágil, lo perecedero, es “sonreír al sonreír, consolar las lágrimas”.
El viernes 29 de mayo, a los 104 años, murió en París Edgar Morin, descrito en las reseñas periodísticas como sociólogo y filósofo, aunque los gremios en uno y otro caso recelaron siempre de considerarlo como uno de los suyos. Al enterarse de su partida, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, escribió en las redes: “Soldado de la Resistencia, militante y hombre libre, escritor y pensador del siglo, defensor de la naturaleza y de los pueblos, Edgar Morin era el humanismo hecho persona. Con su amabilidad y su curiosidad, no dejaba de iluminarnos”.
Afirmar que él era “el humanismo hecho persona” es una semblanza que le hace justicia. Morin iluminó nuestro tiempo con una inmensa obra y también con su firme resistencia a la barbarie, la crueldad, el odio, la mentira, la incomprensión, el atropello de los seres humanos. De origen judío, no vaciló en salir el año pasado a las calles, junto a miles de parisinos, para condenar la masacre del ejército israelí en Gaza.
Morin quedó huérfano de madre a los 10 años, y eso dejó en él una huella imborrable. “Siempre sueño con mi madre”, confesó en una reciente entrevista. Se licenció en Derecho, Geografía e Historia, pero se consideraba a sí mismo un autodidacta. En 1942, durante la ocupación alemana, se incorporó a la Resistencia. En la clandestinidad, dejó de usar su nombre oficial, Edgar Nahoum, y adoptó el seudónimo de Morin. Participó en el movimiento de apoyo a los prisioneros de guerra y deportados, vinculado al PC. En 1943, fue nombrado comandante de las Fuerzas Francesas Combatientes. Al llegar la liberación, desfiló por los Campos Elíseos detrás del general De Gaulle, enarbolando la bandera francesa junto a sus camaradas.
El primer libro que leí de Morin, en los años 80, fue “Autocrítica” (1959), dedicado a relatar su experiencia como militante del PC de Francia, al que ingresó en 1941. Su lectura me ayudó a reflexionar sobre mi propia circunstancia. En la........
