El premio que regaló María Corina Machado. Por Sergio Muñoz Riveros
A muchos que consideramos como propia la lucha por la democracia en Venezuela, y celebramos la concesión del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado como un reconocimiento a esa causa, nos ha costado entender su gesto de ofrendar el premio a Donald Trump, presidente de EE.UU., y regalarle incluso la medalla que le había entregado el Comité Noruego del Nobel, en diciembre pasado.
¿Cómo se gestó la donación del premio? Es válido conjeturar que no fue un gesto espontáneo de la galardonada, sino probablemente “sugerido” por sus amigos estadounidenses, a lo mejor Marco Rubio, el secretario de Estado, quien parece no tener dudas de que el narcisismo y la megalomanía de Trump son factores determinantes de este tiempo. Una muestra de ello es que el jefe de la OTAN, el holandés Mark Rutte, ha hecho gala de la técnica del halago hacia un hombre que afirma no necesitar el derecho internacional, como él mismo declaró al New York Times.
¿Cuál fue el sentido de que María Corina diera un paso que posee una carga política y simbólica difícilmente compatible con el rechazo al autoritarismo y el neocolonialismo que encarna Trump? ¿Ganar su buena voluntad y aceptar así que el futuro de Venezuela sea decidido por él y sus asesores? Es muy extraño, sobre todo porque ella demostró en los últimos años ser una dirigente política sagaz, y porque además tuvo el tiempo necesario para discutir las implicancias de su gesto con los dirigentes exiliados que viven en Europa. Es dable pensar que ella no decidió por su cuenta, sino junto a su partido, Vente Venezuela, y la coalición Plataforma Unitaria Democrática.
Es posible que los dirigentes venezolanos hayan calculado mal los........
