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Entre un arco narrativo épico y la fomedad de administrar

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29.08.2026

En cinco días el gobierno pasó de discutir crecimiento y homicidios a discutir si es iliberal. Pasó de campeonar marzo, a casi no pasar agosto. Llevó su mejor atributo, la ejecución de prioridades, al terreno de lo abstracto y los límites del poder, que es precisamente donde a los gobiernos de derecha nunca les ha ido bien y donde la izquierda, incluso derrotada culturalmente, siempre puede administrar un buen partido.

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Solo diez días después de haber ingresado la reforma de seguridad al Senado, el gobierno le retiró la urgencia. Después de que la presidenta de la Cámara Alta, Paulina Núñez, advirtiera que el nuevo estado de excepción no contaría ni siquiera con los votos del oficialismo, que Luciano Cruz-Coke haya dicho que el proyecto rayaba en lo iliberal, y que Guillermo Ramírez le haya quitado el respaldo de la UDI, simplemente no quedaba más que hacer.

Para peor, la Cadem del jueves 27 mostró una caída en el apoyo a la agenda de seguridad de ocho puntos, llegando a 41%.

La lectura inmediata es que el gobierno se equivocó y que el proyecto estaba mal hecho. Pero el contenido no es el problema. Lo que no funcionó no fueron las medidas propuestas, fue la forma en que se ejecutó la reforma.

Para verlo conviene mirar la experiencia de gobiernos anteriores, separando la habilidad política de la calidad de la política pública.

Por ejemplo, a pesar de haber producido resultados deficientes en el largo plazo, Michelle........

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