El retorno de la geopolítica, Boric y Kast en una nueva Guerra Fría. Por Jorge Ramírez
La historia no se repite, pero rima. Y así como durante la primera Guerra Fría Chile fue un actor relevante para las potencias en el juego estratégico por las zonas de influencia, en esta incipiente Segunda Guerra Fría el patrón no parece ser muy distinto. La geopolítica se encargará de recordarle a Chile una verdad incómoda: en medio de la rivalidad entre potencias, las decisiones estratégicas nunca serán neutras.
“Hubo una Primera Guerra Mundial. Luego una Segunda. No eran idénticas. Pero eran lo suficientemente similares como para que nadie discutiera sobre la nomenclatura. De igual manera, hubo una Primera Guerra Fría. Y ahora estamos en la Segunda Guerra Fría”. La frase es del historiador británico Niall Ferguson.
¿Quiénes son los protagonistas de esta nueva disputa por influencia y poder geopolítico? Estados Unidos y China, con esta última potencia como un adversario mucho más formidable de lo que fue en su momento la Unión Soviética, particularmente en el plano económico y, sobre todo, en el tecnológico. En palabras de Ferguson, esa dimensión tecnológica se ha convertido en el nuevo poder de fuego en la balanza estratégica entre ambas potencias.
El historiador chileno de las relaciones internacionales Joaquín Fermandois plantea en su colosal obra Chile: mundo y fin de mundo que, pese a ser un país pequeño y recóndito en el mapa global, el devenir histórico de Chile ha estado siempre conectado con notable intensidad a las dinámicas de la política internacional, llegando incluso a convertirse, en más de una ocasión, en laboratorio y escenario de conflictos de escala mundial.
La historia no se repite, pero rima. Y así como durante la primera Guerra Fría Chile fue un actor relevante para las potencias en el juego estratégico por las zonas de influencia, en esta incipiente Segunda Guerra Fría el patrón no parece ser muy distinto.
El denominado “Cable Chino” buscaba establecer una vía de conexión y transmisión de datos entre la potencia asiática y Sudamérica. En un mundo donde los datos son las nuevas municiones de la competencia estratégica, las implicancias del proyecto resultan evidentes. De ahí las advertencias que Estados Unidos transmitió al gobierno del presidente Boric sobre sus efectos y que luego se traducirían en sanciones ejemplificadoras a tres funcionarios de su administración.
Por lo mismo, resulta cuestionable que el presidente en ejercicio no haya dimensionado adecuadamente el alcance geopolítico de una iniciativa de esta naturaleza. Más aún cuando la decisión de dar viabilidad al proyecto parece haberse tomado con una improvisación impropia para asuntos que comprometen la posición internacional del país.
La situación se vuelve todavía más delicada si se considera que el proyecto fue impulsado en la recta final del mandato sin que existiera una comunicación del todo clara y oportuna con las autoridades de la administración entrante de José Antonio Kast. En materias de política exterior y de seguridad estratégica, los países suelen actuar bajo la lógica de la continuidad de Estado. En consecuencia, cuando se trata de decisiones que pueden afectar la relación con las grandes potencias del sistema internacional, el mínimo exigible es un grado razonable de coordinación institucional.
De este modo, el cortocircuito entre Boric y Kast en torno a la forma en que se comunicó y transparentó la información relativa al proyecto es, en realidad, algo más que una simple polémica con estridencia doméstica. Es la expresión concreta de cómo un conflicto de escala mundial vuelve a insertarse con fuerza en nuestra política local.
Por cómo ha sido la forma en que ha construido su trayectoria política, Boric tomó cierta costumbre a que sus acciones y sus palabras rara vez tuvieran consecuencias. La lógica del activismo, de la consigna, el gesto simbólico y el testimonio permiten que llegue un momento en que las decisiones de un mandatario pasen a ser evaluadas con menos severidad. Pero la política internacional opera bajo reglas muy distintas.
El escenario global se torna cada vez más áspero, la rivalidad entre potencias se intensifica y la tecnología se ha convertido en un instrumento de poder estratégico. En consecuencia, en este terreno no hay espacio para la improvisación, los caprichos o las señales ambiguas. Cada decisión es interpretada como un gesto de alineamiento en medio del conflicto.
Y si esa era la intención detrás del impulso al proyecto del cable, lo mínimo que se le puede exigir a un mandatario es algo elemental en una democracia: explicar con claridad a sus compatriotas las razones de fondo que justifican una definición de esa magnitud.
En caso de que aquello no acontezca, la geopolítica se encargará de recordarle a Chile una verdad incómoda: en medio de la rivalidad entre potencias, las decisiones estratégicas nunca serán neutras.
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La sorpresiva reunión entre Boric y Kast solicitada por La Moneda
La experiencia reciente sugiere que el desempeño ministerial depende del equilibrio entre tres tipos de capital. Podría representarse como un triángulo de eficacia ministerial. Este enfoque dialoga con la literatura comparada sobre eficacia ministerial, que subraya la combinación de capacidades técnicas, políticas y comunicacionales como condición para gobernar en contextos de alta exposición mediática.
La cita, que empezó cerca de mediodía y duró 60 minutos, ocurrió después de la frustrada reunión del martes, donde el Presidente electo se retiró tras desaveniencias en relación a la entrega de información sobre el cable chino. Kast agradeció a Boric por la reunión, donde también recibió información sobre los abusos en el Sename […]
Pablo Ortúzar, investigador en el IES y doctor en teoría política, dice que “esta generación de políticos de izquierda ha hecho al país más pobre y más injusto”. “Chile está en una posición en extremo delicada”, comenta sobre el equilibrio geopolítico entre EEUU y China.
Las áreas de gestión mejor evaluadas del gobierno del Presidente Boric fueron Transporte (53%), medioambiente (50%) y desarrollo energético (44%). Por el contrario, las peor evaluadas son inmigración (24%), lucha contra la delincuencia y narcotráfico (25%) y lucha contra la corrupción (26%).
¿Habrá dos izquierdas de ahora en adelante? Todavía no se distinguen claramente. Veremos cómo actúan en la oposición. Sería positivo, en todo caso, si ambas se comprometen a rechazar la violencia política y a actuar dentro de las reglas del régimen democrático. Esperemos que hayan aprendido algo valedero. Lo que no puede ocurrir es que […]
