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Prioridad personal

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28 de abril 2026 - 03:06

La polémica está servida. Por un lado, en un extremo, están los que dan preferencia al español para todo. Y donde digo español se puede poner catalán, que el discurso de odio, racismo o xenofobia es el mismo. Lo que pasa que unos se alían con Feijoó (léase primero Guardiola o Azcón) y otros se alían con Pedro Sánchez. Es decir, el rey de Waterloo quiere la competencia de la inmigración para determinar quién entra y quién no en Cataluña. Pero Abascal y Puchi son la misma cosa.

Atribuyen a Antonio Cánovas del Castillo la frase “Con la patria se está con razón o sin razón; como se está con el padre y con la madre”. Pero discrepo frontalmente de esa idea. Estoy del lado del poeta romano Terencio: “Soy humano; nada de lo humano me es ajeno”. Luego Nietzsche adaptó esta frase y escribió: “El sufrimiento humano me interesa profundamente, todo lo humano me interesa profundamente”.

Por tanto, prefiero que las ayudas públicas lleguen prioritariamente antes a un etíope -pongamos por caso- honesto y emprendedor que viva en España antes que a un español golfo y deshonesto que viva en España. Soy más de la opinión de que al enemigo ni agua y en el desierto bacalao. Yo tengo por enemigo a quienes coartan las libertades públicas, a quienes recortan derechos fundamentales a las personas, a quienes odian al diferente. Yo creo que esos sujetos, que no me da la gana llamarles personas porque son abyectos, protervos y disolutos, no se merecen ayudas ni subvenciones de dinero público tengan ocho apellidos españoles, vascos, catalanes o marroquíes; me da igual.

La prioridad ahora y siempre tiene que ser la persona. Hay que poner por encima de la nacionalidad la personalidad. Todos los españoles y el resto del mundo somos personas antes que nacionales de un país. Pero los de siempre, los de un lado del espectro político y los del otro, quienes apoyan al gobierno y quienes son o apoyan a la oposición, debieran enterarse: antes de cualquier prioridad con sesgo nacional o nacionalista está la persona. Mucho hablar de Constitución y se les olvida el artículo 10. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.

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