Norbert
Solías llevar dos anillos de plata: el primero medía un centímetro y medio de ancho, más o menos, y mostraba cinco estrellas dibujadas, con cierto relieve, que recorrían toda la circunferencia. No sobresalían del perfil, sino que se hundían hacia el interior, formando un pequeño hoyo de no mucha profundidad, como si fuera un molde. El otro, era un aro más fino con una lagartija tendida en su interior. Era un pequeño agujero con la forma del reptil, de manera que la cavidad pequeña que ocupaba el animalito permitía ver la carne de tu dedo. Cuando moriste, Pep fue a un joyero y le pidió que hiciera cinco copias idénticas de cada uno. Los puso todos mezclados dentro de una bolsa de terciopelo granate y a los amigos más cercanos nos pidió que cogiéramos uno. A ciegas, por insaculación. Todos fuimos manos inocentes, por separado. Hoy, todavía no sabemos quién lleva el original porque, de alguna manera, todos lo son. Hoy, es como si no te hubieras ido del todo porque, de alguna manera, todavía estás aquí.
Dicen que una persona nunca muere completamente mientras haya alguien que la recuerde. Eso es lo que hacemos cada año cuando se acerca el aniversario de tus vacaciones eternas. Te fuiste un trece de abril de 2011 —justo hoy hace quince años— y, desde entonces, el sábado más cercano a esta fecha nosotros quedamos para recordarte. Hacemos el vermut, cada uno trae algo de comer y la conversación se alarga hasta media tarde. Lo hacemos en el Bar Xupito, allí debajo de tu casa (en la misma escalera que Pep y Anna Rosa, que por algo erais vecinos, además de íntimos amigos y compañeros de profesión). Ahora se llama Nou Xupito porque cambió de propietarios, pero mantiene la esencia de cuando íbamos. De hecho, hay un taburete con una placa donde pone tu nombre: Norbert. Es donde solías sentarte y nos acompañas invisible y vigilante. Y a pesar de que recientemente el local ha renovado el mobiliario, aquel taburete se ha........
