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¡Viva el pan con tomate!

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25.04.2026

Con la diada de Sant Jordi aún reciente en la retina, me vienen a la memoria las declaraciones de dos personajes públicos que viven en Catalunya. Uno, Eduardo Mendoza, un escritor barcelonés de éxito, se echó la manta a la cabeza y arremetió contra la presencia del “Sant Jordi” en una diada que, en su opinión, debería llamarse “Día del Libro”, arguyendo, entre otras cosas, que el santo en cuestión maltrataba a los animales y ni siquiera debía saber leer. Curioso arraigo al país y a la tradición por parte de un escritor que recibió la Creu de Sant Jordi (1995). Tiene narices la coincidencia del galardón con su comentario, pero, vaya, astracanadas por parte de receptores de este distintivo hemos visto tantas (destacable Loles León, premio de 2025, diciendo que “los catalanes se jodan”), que el valor y el prestigio del galardón no paran de caer.

A la fiesta de Mendoza se añadió otro invitado, el valenciano Javier Mariscal, diseñador gráfico, ilustrador, diseñador de muebles, cineasta, pintor, escultor y ceramista, residente en Barcelona, conocido sobre todo por haber diseñado la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Mariscal suscribió las palabras de Mendoza respecto al pobre san Jorge. En un brillante artículo de José Antich (ENLACE con el del 15 de abril titulado “Mendoza y Mariscal, envejeciendo en el rencor”), el director de este diario ponía de relieve el común denominador de la animosidad hacia el país por parte de los dos implicados.

Pero el autor del perro de 1992, envolviéndose un poco más la manta a la cabeza, añadió que, a ver si cuando se muera el pobre Jordi Pujol, también........

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