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La luna de miel

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Los primeros días todavía no te lo acabas de creer ni te ubicas en tu nuevo estado social. Te sorprendes diciendo marido a la persona a quien durante tanto tiempo has llamado pareja. Y quizás, sin darte cuenta, continúas diciendo "mi pareja" porque la palabra marido todavía te parece un poco extraña, como si perteneciera a una vida que acabas de estrenar. Y más para una a quien tanto le costó tener el título de divorciada. Prima la morte che il divorzio, me habían dicho.

No nos recreamos mucho mirando los vídeos que nos envían los amigos.

—Estuvo bien, ¿verdad?

A Daniel no le gusta mucho mirarse en las fotos. Yo, en cambio, tengo la necesidad de volver una y otra vez a las imágenes de la boda: a la cara de la gente y las expresiones de sorpresa. Tantos años planeando una boda que, durante mucho tiempo, solo conocíamos nosotros. Y después, de golpe, ya está. Casados.

Y la luna de miel ha sido muy nuestra. No ha habido ni camas balinesas, ni velas, ni playas paradisíacas donde no haya que mirar el reloj. Hemos hecho lo que nos gusta hacer juntos y que pocas veces podemos hacer solos porque estamos la mayor parte del tiempo con mis hijos. Ir al cine, hablar otras lenguas, visitar museos y exposiciones, escuchar buena música, caminar más de quince mil pasos al día, echar la siesta bajo un árbol, descubrir ciudades y leer casi tanto tiempo como escribimos.........

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