Si respetas las identidades, respeta el catalán
En este giro del siglo XXI vivimos dos fenómenos que se explican mutuamente: la extrema globalización y la reivindicación de la identidad también a niveles nunca vistos. De la globalización no hace falta hablar mucho porque es una evidencia que nunca como antes la humanidad ha compartido productos, estéticas y relatos: en todo el mundo se diseña y fabrica para el resto del mundo, los centros de las grandes ciudades se parecen en forma y tiendas, y de las noticias en portada de cualquier periódico del mundo, cinco son compartidas. Junto a esto, posiblemente como respuesta, ha aflorado una necesidad de reivindicar la identidad hasta límites tampoco vistos hasta ahora: la defensa de la diferencia y de aquello que nos distingue del resto también se ha extremado.
La identidad, así en genérico, aflora de diversas maneras. Las más potentes son el sentimiento de pertenencia a un país, a una religión o a una ideología. Pero al lado de esto también ha surgido la necesidad de reivindicar otros factores que determinan la identidad de una persona: de género, de orientación sexual, de opción alimentaria e incluso la manera como afrontamos la salud mental, también si practicamos la lactancia materna o cómo educamos a nuestros hijos. Y partidarios de unas u otras opciones tienen la necesidad de hacer una defensa encarnizada por un simple motivo: todo el mundo siente amenazada su identidad. Todo el mundo se siente agredido en alguno de la decena de ámbitos que marcan nuestra identidad y esto explica que cada vez más haya ofensas por todas partes.
Antes desaparecerá la Tierra que el castellano, pero aún así se sienten amenazados
Antes desaparecerá la Tierra que el castellano, pero aún así se sienten amenazados
Esta sensación de amenaza es........
