Entrenar algoritmos y personas
Remontémonos a la larga historia del ser humano. Hubo un momento, no sabemos exactamente cuándo, en que el ser humano decidió no abandonar al enfermo, ni al anciano que caminaba más despacio y al que había que alimentar, ni a hijos de otros que quedaban huérfanos o desasistidos, ni al que, tras el ataque de un animal o un accidente, ya no podía valerse por sí mismo y quedaba a merced de las alimañas. Ese gesto de humanidad, aparentemente tan normal como radical, fue uno de los actos fundacionales de nuestra especie.
Lo sabemos porque la arqueología ofrece pistas elocuentes de ello. Restos óseos que muestran fracturas consolidadas, enfermedades crónicas compatibles con una larga supervivencia, signos de cuidado prolongado, personas longevas que no hubiesen sobrevivido sin el cuidado de otros. Hacerlo así era lo contrario a ahorrar energía, de buscar solo el beneficio propio y reducir los riesgos en un ambiente extraordinariamente hostil. Fue asumir que el valor de la vida de un congénere no era sin más el de su utilidad para proveer alimento o seguridad. La humanidad empezó a ser una comunidad moral.
Pero no nos creamos a salvo de involuciones morales. A mi modo de ver retrocedemos si pensamos como Sam Altman, el CEO de OpenAI, que dijo recientemente durante una entrevista en un........
