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Esas tropelías de las que usted me habla

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09.04.2026

Cuenta Lorenzo Silva que una vez le preguntaron a Franco por la muerte del general Campins en los comienzos de la Guerra Civil española y él respondió tan panchamente: “Lo fusilaron los nacionales”. Como si aquella atrocidad no tuviera nada que ver con él, como si él no hubiera tardado demasiado en imponerse como el caudillo, el generalísimo, el jefe indiscutible de los llamados “nacionales”.

Durante esta Semana Santa, he leído Con nadie, la excelente biografía de Lorenzo Silva del general Campins, un militar africanista que tuvo la mala suerte de encontrarse al frente del Ejército de la ciudad de Granada en julio de 1936 y que arrastró los pies a la hora de sumarse al golpe de Estado que Franco ya encabezaba en el protectorado español en Marruecos, Queipo de Llano en Andalucía y Mola en Navarra. Nadie le había informado de la conjura y su primer impulso fue legalista: obedecer al Gobierno del Frente Popular salido de las urnas. Queipo se lo haría pagar sin tardanza: ordenó a los golpistas granadinos que lo detuvieran, lo trasladó a Sevilla y lo fusiló en las tapias de la Macarena.


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