Hablar al garete
De niño, mi padre solía decirme: “quien mucho habla, mucho yerra”. Aprender a callar ha sido de lo más difícil; hablar de más me costó varios tropiezos. Con el tiempo fui puliendo la verborrea y entendiendo a mi viejo. Por eso sé que hace falta bastante cinismo para soltar cosas al garete y seguir como si nada.
En la política colombiana, “hablar al garete” ha generado múltiples polémicas. Deberíamos plantearnos una pregunta que hemos evitado durante toda esta campaña presidencial: ¿qué dice de nosotros el hecho de que ciertos discursos absurdos no solo circulen, sino que además triunfen?
El micrófono no revela al político. Lo construye. Se activa como un personaje más tajante, más seguro, menos dispuesto a reconocer que no sabe. Y ese personaje — contundente, simple, emocionalmente efectivo — termina siendo más visto.
Un borracho puede decir la verdad más incómoda del año y nadie lo desmiente. El problema es cuando el borracho tiene micrófono, cámara y escolta.
No sé si Álvaro Uribe duerme poco, pero sí sé que propuso que los demás duerman menos. "A Colombia la está matando la pereza", dijo, con esa autoridad de quien nunca ha tenido que madrugar a coger........
