La cultura de la negación
La reciente aceptación por parte de PEMEX de que el derrame de crudo en el Golfo de México se debió a una fuga en un oleoducto cercano a Cantarell, nos exhibe un proceso caracterizado por la negación.
Antes que investigar, se niega la información.
Debemos reconocer que ésta no es una actitud exclusiva de este gobierno, pues siempre ha existido. Sin embargo, cada gobierno le da su sello personal.
En el caso de este gobierno hay una particularidad de forma, -o sea retórica-, que consiste en desviar la atención vinculando el problema actual con otros sucedidos durante administraciones anteriores.
Cuando un reportero cuestiona un problema como éste, podríamos imaginar que recibiría como respuesta: ¿y por qué no le recuerdas a la gente la tragedia de Sanjuanico y el derrame de petróleo del Ixtoc1? … En tiempos del priísmo.
Sin embargo, hay un tema de fondo que establece una gran diferencia con gobiernos anteriores y es el compromiso obradorista de campaña, que se convirtió en un dogma representativo de este régimen y un compromiso continuamente violado de “NO MENTIR”. Entonces, la mentira cotidiana se vuelve más grave que antes.
A final de cuentas los gobiernos simplemente reflejan los valores imperantes en la sociedad y el mexicano tiene una inexplicable fascinación por la mentira. En México mentimos por hábito. De este modo generamos mitos y leyendas que generan un entorno de desconfianza.
La mentira en nuestra sociedad es el resultado de una actitud de aversión al compromiso y las responsabilidades.
Cuando en casa, -por citar un ejemplo-, al hacer limpieza doméstica, -por falta de cuidado-, se nos resbala algo que llevábamos en las manos y no hay testigos, la respuesta siempre será: “Se cayó” …........
