Venezuela de mi corazón
Una cosa es alegrarse por el “fin” de la era de Maduro, y otra muy distinta celebrar una invasión norteamericana. No se puede juzgar a quien celebra el fin de su padecimiento, como tampoco a quien cree que un megalómano es su tabla salvavidas. En su verdad, es lo mejor que ha podido pasarles.
Fui migrante por un destino decidido por mi padre. Nadie dirá que fue fácil o que todo fue hermoso, pero una gran parte de mi corazón palpita allí, en consecuencia, ha reído por lo bueno y llorado por lo malo que sucede en la gran Venezuela.
Ya quisiera hablar de democracia o soberanía. Ya quisiera esgrimir los argumentos que las herramientas institucionales nos dan para avalar o desacreditar intervenciones. Sería facilista tener una postura e ignorar el clamor de un pueblo.
La competitividad de Cartagena
Desde mi lugar, es fácil indignarme. Quién quiere que el........
