Samuel García y el fracaso de la ola naranja
El Mundial de Futbol le dio a Samuel García la vitrina internacional que buscaba desde que Nuevo León obtuvo la sede de varios partidos. El gobernador convirtió el torneo en una plataforma de promoción personal y política. El problema es que no se limitó a presumir la capacidad organizativa del estado, sino que decidió apropiarse del color naranja de la selección de Países Bajos, el mismo que identifica a Movimiento Ciudadano, y montó alrededor de la llamada Orange Party una estrategia de comunicación que desdibujó la frontera entre la promoción turística y la propaganda gubernamental.
La apuesta fue total. Samuel García recibió el Orange Bus en la frontera, encabezó caravanas, acompañó a los aficionados neerlandeses, entregó sombreros norteños a los jugadores y apareció apoyando a Países Bajos en videos oficiales. El gobierno repartió miles de playeras naranjas con la leyenda “Nuevo León”, movilizó personal y utilizó incluso helicópteros Black Hawk del estado para registrar imágenes de los recorridos. Las críticas no tardaron. La oposición acusó el uso de recursos públicos para fortalecer la identidad visual de Movimiento Ciudadano y convertir un evento deportivo en una campaña anticipada.
Pero el futbol tiene la mala (o buena) costumbre de arruinar estrategias políticas. Países Bajos quedó eliminado en Monterrey frente a Marruecos después de una dramática definición por penales. Lo que debía convertirse en la consolidación de la “ola naranja” terminó generando un efecto boomerang. Las redes sociales se inundaron de burlas hacia el gobernador, a quien convirtieron en un símbolo de mala suerte después de que también había mostrado públicamente su apoyo a Japón, otra selección que quedó fuera del torneo.
El golpe no se quedó en las redes, el principal bastión de García. Dentro del Estadio BBVA ocurrió un fenómeno político poco común. Miles de aficionados regiomontanos, molestos por la evidente apropiación gubernamental del color naranja, terminaron alentando a Marruecos. Los seguidores africanos ya habían conquistado la Macroplaza con su entusiasmo y hospitalidad, pero el respaldo masivo llegó cuando buena parte del público decidió tomar distancia del montaje oficial. Cada avance neerlandés fue........
