No es proteger a los seres sintientes, es contenernos
Durante siglos, el derecho habló de animales como si fueran cosas. Propiedad, bienes, recursos. Nunca sujetos. Nunca titulares de algo parecido a un derecho.
Pero eso está cambiando. Y no por una moda, sino por una transformación más profunda: estamos empezando a entender que no somos los únicos que habitan el mundo con sensibilidad.
En los últimos años, la noción de seres sintientes ha comenzado a abrirse paso en los sistemas jurídicos. No se trata todavía —al menos en la mayoría de los casos—de reconocerles personalidad jurídica plena, sino de algo más sutil, pero igualmente relevante: admitir que su capacidad de sentir dolor, estrés o placer tiene consecuencias jurídicas. Que no son objetos. Que no pueden ser tratados como tales.
Ese cambio ha encontrado eco en el constitucionalismo contemporáneo. Si los derechos humanos parten de la dignidad y de la protección........
