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Identidad territorial

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08.03.2026

La mejor estrategia de sostenibilidad que podemos implementar es apostarle a nuestra propia identidad territorial. Recordemos que el propósito de las marcas no es solo hacer negocio, sino conectarse genuinamente con la gente, resolver sus necesidades y agregar valor.

Cuando hablamos de marcas que encuentran su fuerza narrativa y estratégica en las cualidades y distinciones de un territorio, hablamos de proyectos con altas posibilidades de impactar no solo desde un discurso bien estructurado, sino desde la generación de oportunidades reales.

Hace unos días estuve en San Estanislao de Kostka acompañando la inauguración del punto de venta y el lanzamiento de “100% Dique”. Estar allí, en este nodo estratégico que conecta el canal del Dique y la zona costera con Cartagena, reafirma que el desarrollo sostenible se gesta desde la base, escuchando al territorio.

El único poder posible

Esta iniciativa, impulsada por la Corporación Desarrollo y Paz del Canal del Dique junto a diferentes aliados, es un referente de lo que significa crear valor con propósito a partir de la identidad territorial.

Además de un esfuerzo comercial, hay que comprender que es un modelo de economía solidaria que dignifica la labor de cientos de familias de pescadores, campesinos, acuicultores y artesanos.

Ejercicios similares los encontramos en iniciativas como Marca Bolívar, que buscan eliminar las barreras históricas de la intermediación y conectar los productos y el trabajo manual directamente con el consumidor final.

Quienes trabajamos en la gestión de intangibles sabemos que una marca territorial es el reflejo del alma de una región. “100% Dique” ha logrado condensar la identidad de las organizaciones vinculadas bajo tres pilares: las aguas, la tierra y las manos de su gente.

Entre las muchas oportunidades que tenemos desde los distintos sectores está la de generar marcas que despierten en nosotros el auténtico deseo de actuar. Debemos seguir impulsando y consumiendo negocios con rostro humano, que protejan nuestra “casa común”.

Detrás de estas iniciativas que promueven la identidad territorial hay narrativas profundas que visibilizan el talento, la cultura y el trabajo incansable de las comunidades.

Quienes trabajamos día a día en la gestión de asuntos externos, tejiendo alianzas y construyendo reputación, sabemos que una marca es mucho más que un ejercicio gráfico. Una marca territorial es un activo intangible invaluable. Es una declaración de identidad que le dice al mundo: esto somos, esto construimos y este es nuestro valor. Y así se convierte en un motor poderoso para construir paz y progreso.


© El Universal